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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA
CARDIOVASCULAR
Vol. III - N° 2 / Junio - Julio - Agosto 2005

ARTÍCULO DE REVISIÓN
REVASCULARIZACIÓN
RETRÓGRADA DE LOS VASOS VISCERALES SEGUIDA DE EXCLUSIÓN
ENDOVASCULAR DEL ANEURISMA DE AORTA TORACO-ABDOMINAL COMO ALTERNATIVA
EN PACIENTES DE ALTO RIESGO*
Autores
Samuel Fernández, Luis Sánchez,
Juan Carlos Parodi, Gregorio Sicard
Recibido: 23.03.2005
Aceptado: 19.05.2005
Correspondencia: Dr. Samuel Fernández
Washington University School of Medicine,
St. Louis, MO 63110, USA.
* Trabajo realizado por el Servicio de Cirugía
Vascular, División de Cirugía General del Departamento de
Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington,
St. Louis, Missouri, Estados Unidos.
MD.
RESUMEN
Durante
las pasadas cuatro décadas ha habido una importante disminución
en la morbilidad y mortalidad en la reparación abierta de los aneurismas
toraco-abdominales, debido a la mejoría en las técnicas
anestésicas y quirúrgicas. Sin embargo, a pesar de estas
mejorías, esta intervención quirúrgica bien descripta
es asociada a una morbi-mortalidad significativa aun en los casos de bajo
riesgo, también claramente definidos. Este procedimiento extenso
y complejo ocasiona un estrés cardiovascular y alteración
en la perfusion orgánica, la cual es pobremente tolerada en pacientes
con compromiso en su función cardíaca, pulmonar y/o renal.
Un abordaje combinado, en etapas, abierto y endovascular
respectivamente será aplicado al mayor grupo de pacientes.
Hay una variedad de reconstrucciones viscerales que
pueden ser consideradas y creadas antes de una exclusión endovascular
para el tratamiento de aneurismas toraco-abdominales.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2005; 3:87-91)
Palabras clave
Revascularización retrógrada - Aneurisma tóraco-abdominal
- Estrés cardiovascular - Exclusión endovascular
RESUMO
REVASCULARIZAÇÃO RETRÓGRADA
DOS VASOS VISCERAIS SEGUIDA DE EXCLUSÃO ENDOVASCULAR DO ANEURISMA
DE AORTA TÓRACO-ABDOMINAL COMO ALTERNATIVA EM PACIENTES DE ALTO
RISCO
A nas passadas
quatro décadas foi registrada uma importante diminuição
na morbidade e na mortalidade durante a reparação aberta
dos aneurismas tóraco-abdominais, devido ao avanço das técnicas
anestésicas e cirúrgicas. Todavia, apesar dessas melhoras,
esta intervenção cirúrgica bem descrita, associa-se
a uma morbi-mortalidade significativa ainda nos casos de baixo risco,
também claramente definidos.
Este procedimento extenso e complexo ocasiona estresse
cardiovascular e alteração na perfusão orgânica,
pobremente tolerada em pacientes com compromisso na sua função
cardíaca, pulmonar e/ou renal.
Una abordagem combinada, em etapas, aberta e endovascular
respectivamente será aplicada ao grupo maior de pacientes.
Existe uma variedade de reconstruções
viscerais que podem ser consideradas e criadas antes de una exclusão
endovascular para o tratamento de aneurismas tóraco-abdominais.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2005; 3:87-91)
Palavras-chave
Revascularização retrógrada - Aneurismas tóraco-abdominais
- Estresse cardiovascular - Exclusão endovascular
SUMMARY
RETROGRADE VASCULARIZATION OF VISCERAL VASES
FOLLOWED BY ENDOVASCULAR EXCLUSION OF THORACIC-ABDOMINAL AORTA ANEURYSM
AS AN ALTERNATIVE FOR HIGH RISK PATIENTS.
Due to
the improvement experienced during the last four decades in chirurgical
and anaesthesia techniques, morbility and mortality in the open repair
of thoracic-abdominal aneurysms have been significantly diminished. Notwithstanding,
in spite of these improvements, this well described chirurgical intervention
is associated to a significant mortality even in low risk cases, also
clearly defined.
This long and complex procedure generates a cardiovascular
stress as well as it alters the organic perfusion, which is poorly tolerated
in patients whose cardiac, pulmonar and/or renal functions are compromised.
A combined approach, through phases, open and endovascular,
respectively, will be undergone by the greatest group of patients.
There exist a range of visceral reconstructions that
may be considered and created previous to an endovascular exclusion for
the treatment of thoracic-abdominal aneurysms.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2005; 3:87-91)
Key words
Retrograde vascularization - Thoracic-abdominal aneurysms - Cardiovascular
stress - Endovascular exclusion
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ABREVIATURAS |
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ASA |
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Sociedad Americana de Anestesiología |
| |
PTFE |
|
Politetrafluoroetileno |
INTRODUCCIÓN
Durante
las pasadas cuatro décadas ha habido una importante disminución
de la morbilidad y mortalidad en la reparación abierta de los aneurismas
toraco-abdominales, debido a la mejoría en las técnicas
anestésicas y quirúrgicas. Sin embargo, a pesar de dichas
mejorías, esta intervención quirúrgica bien descripta
es asociada a una morbimortalidad significativa aun en los casos de bajo
riesgo, también claramente definidos (1-3).
Este procedimiento extenso y complejo ocasiona estrés
cardiovascular y alteración en la perfusión orgánica,
la que es pobremente tolerada en pacientes con compromiso de la función
cardíaca, pulmonar y/o renal. Las técnicas endovascualares
en el tratamiento de aneurismas toraco-abdominales y aneurismas de aorta
abdominal infrarrenal han evolucionado rápidamente y se están
aplicando a una población creciente de pacientes.
Lamentablemente, los injertos endovascualares disponibles
en la actualidad requieren una buena zona de fijación (2-3 cm)
para su despliegue exitoso y su estabilidad a largo plazo. Para obtener
un anclaje adecuado, en ocasiones se deben sacrificar ramas mayores, con
secuelas mínimas. Éstas incluyen la arteria subclavia izquierda
para el tratamiento de aneurismas torácicos y una o ambas ilíacas
internas en el tratamiento de aneurismas aorto-ilíacos complejos.
Sin embargo, la oclusión de ramas viscerales deriva en complicaciones
isquémicas postoperatorias significativas si son cubiertas durante
la exclusión endovascular. Los pacientes con un área de
fijación pequeña requieren maniobras adicionales para modificar
el sitio de implantación y, de esta manera, mejorar el anclaje
proximal y distal sellando el injerto endovascular a la pared aórtica.
Se han descripto dispositivos con ramas (4-7)
y fenestrados (8-9), aún
en desarrollo pero disponibles en un futuro próximo.
Las reconstrucciones endovasculares complejas que se
realizan actualmente requieren un alto nivel de habilidad y planificación,
lo que seguramente limitará su aplicación a pacientes específicos
y su realización por parte de un pequeño grupo de cirujanos
capacitados. Un abordaje combinado, en etapas, abierto y endovascular,
respectivamente, será lo que se aplique al mayor grupo de pacientes
(10-14).
Hay una variedad de reconstrucciones viscerales que
se pueden considerar y crear antes de una exclusión endovascular
para el tratamiento de aneurismas toraco-abdominales.
CONSIDERACIONES GENERALES
La
reparación de aneurismas toraco-abdominales mediante técnicas
ya bien descriptas continúa siendo el tratamiento de elección
para pacientes considerados de bajo riesgo (ASA I-II) sobre la base de
sus comorbilidades médicas (disfunción cardíaca,
pulmonar y renal) y quirúrgicas (cirugía de aorta torácica
o abdominal previa). El aumento en la expectativa de vida, el número
de pacientes portadores de aneurisma toraco-abdominal complejo y una o
más comorbilidades incrementan el riesgo preoperatorio. La selección
apropiada del paciente para reconstrucción visceral inicial con
exclusión endovascular subsecuente es crucial. La anatomía
aórtica y visceral, además de las comorbilidades asociadas,
deberá ser evaluada meticulosamente en el preoperatorio para planificar
un procedimiento apropiado.
Cuando se planifica un abordaje combinado, endovascular
y abierto en estos pacientes considerados de alto riesgo (ASA III, IV),
la preservación de la circulación colateral es muy importante
para limitar las complicaciones isquémicas postoperatorias. Dicha
preservación minimizará la hipoperfusión de órganos
que incluyen la isquemia medular (arteria subclavia y sus ramas, arteria
ilíaca y sus ramas), isquemia intestinal (arteria ilíaca
interna y sus ramas, arteria marginal y sus ramas) e isquemia glútea,
presentándose como claudicación (ilíaca interna y
femoral).
Durante las reconstrucciones viscerales, las ramas deberán
ser ligadas en forma proximal lo más posible para prevenir el flujo
retrógrado al saco aneurismático, una endofuga (leak
tipo II) puede mantener la presurización del saco. Si la ligadura
proximal no es posible debido a la anatomía asociada, se debe realizar
embolización extensa proximal previo a la colocación del
injerto endovascular evitando la endofuga significativa. Se deberán
crear múltiples sitios de entrada a las arterias viscerales (anastomosis)
para disminuir el riesgo de complicaciones si una reconstrucción
falla. Esto se puede lograr con injertos adicionales desde los vasos de
flujo de entrada o, por lo menos, con un injerto bifurcado que distribuya
de manera equitativa el flujo a ambas ramas (Figura
1).
Figura
1.
Reconstrucción retrógrada de mesénterica
superior y arteria renal derecha utilizando prótesis de dacrón
bifurcado desde la arteria ilíaca común izquierda.
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La reconstrucción endovascular se puede desarrollar
con cualquiera de los injertos endovasculares torácicos y bifurcados
disponibles en la actualidad, dependiendo de la anatomía aórtica
de cada paciente. Los injertos endovasculares más utilizados son:
Talent torácico y bifurcado (MedTronic, MedTronic Vascular Santa
Rosa, California), el TAG torácico y excluder bifurcado (WLGore
y Associates, Inc. Flagstaff, Arizona), y el TX2 tóracico y Zenith
bifurcado (Cook Incorporated, Bloomington, Indiana, USA).
Durante el procedimiento de exclusión completa
de la aorta torácia e infrarrenal, se debe considerar el uso del
método de protección medular. El más utilizado es
el drenaje del líquido cefalorraquídeo (9-12 cm H2O),
el cual permite disminuir la presión venosa medular facilitando
la perfusión arterial por colaterales. Cabe destacar que el riesgo
de isquemia medular disminuye del 14% al 8% por el solo hecho de no existir
clampeo aórtico.
RECONSTRUCCIONES VISCERALES
El
flujo de entrada para las reconstrucciones viscerales deberá obtenerse
de los vasos de mayor calibre posible. La aorta infrarrenal puede ser
utilizada como flujo de entrada preservando un área generosa para
la colocación del injerto endovascular. Esto es posible para los
portadores de aneurisma toraco-abdominal tipo I o en aquellos pacientes
que ya tienen un reemplazo aórtico parcial. El flujo de entrada
aórtico no es una buena opción en quienes son considerados
candidatos para un procedimiento combinado, debido a sus comorbilidades
médicas y quirúrgicas (enfermedad de la pared aórtica).
La mayoría de los pacientes requerirán flujo de entrada
a los vasos viscerales de la ilíaca común más sana
y más grande, o de la ilíaca externa que está distal
al anclaje distal del injerto endovascular. El sistema ilíaco izquierdo
es el utilizado con mayor frecuencia, esto se debe a que su acceso es
más sencillo por la configuración superior del injerto retrógrado
(Figuras 1 y 2). Estas revascularizaciones
extraanatómicas, mesentéricas y renales han demostrado tener
excelentes índices de permeabilidad a largo plazo (90%), cuando
se realizan para enfermedad arterial oclusiva. Si el vaso de flujo de
entrada que se selecciona en estos casos no está comprometido con
la enfermedad oclusiva o por la reconstrucción endovascular, se
espera que los injertos viscerales electivos sean tan buenos o mejores
que las reconstrucciones para enfermedad oclusiva.
Figura
2.
Injerto bifurcado. Vaso de salida ilíaca izquierda
hacia la arteria renal izquierda anastomosis termino-terminal y arteria
mesénterica superior anastomosis latero-lateral y tronco celíaco
termino-lateral. Ligadura proximal de ramas viscerales.
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Ambos troncos mesentéricos (mesentérica
superior y tronco celíaco) deberán ser revascularizados
si es técnicamente posible para prevenir las complicaciones a corto
y largo plazo. Se deberán colocar varias ramas hacia los vasos
mesentéricos del injerto principal para evitar la dependencia de
un solo injerto y asegurar la perfusión mesentérica total
(Figura 2). Las anastomosis
se pueden realizar en forma termino-lateral o termino-terminal, pero funcionalmente
todas tienen que comportarse como termino-terminales. El vaso proximal
debe ser ocluido para prevenir el flujo retrógrado al saco (Figura
2). La reconstrucción mesentérica y de la
arteria renal izquierda puede realizarse a través de un abordaje
retroperitoneal izquierdo o transabdominal. Los pacientes de alto riesgo
se benefician con el abordaje retroperitoneal, ya que se limitan las complicaciones
pulmonares, gastrointestinales y otras asociadas al abordaje. Los conductos
más comúnmente utilizados para las reconstrucciones son
el poliéster o el politetrafluoroetileno (PTFE). No hay
una clara ventaja de un material sobre otro. Debe realizarse un esfuerzo
para evitar el acodamiento o la compresión del injerto a través
de su trayecto.
Ambas arterias renales deberán ser reconstruidas,
si esto es técnicamente posible. Las opciones son múltiples,
pueden ser reconstruidas a partir del flujo de entrada de la ilíaca
(Figura 2) o con otras extraanatómicas. Éstas,
por lo general, incluyen un injerto hepatorrenal o esplenorrenal. Las
reconstrucciones cortas se efectúan con vena, pero también
pueden lograrse con material protésico. La arteria renal izquierda
es de fácil acceso mediante un abordaje retroperitoneal, así
como los vasos mesentéricos. A la arteria renal derecha es más
difícil acceder a través de un abordaje retroperitoneal
izquierdo y puede ser necesario un abordaje retroperitoneal derecho.
CONCLUSIÓN
La combinación
de revascularización abierta e injerto endovascular permite el
tratamiento de los aneurismas toraco-abdominales complejos en pacientes
considerados de alto riesgo. La literatura actual se limita a series con
excelentes resultados en las que se han utilizado técnicas combinadas,
aplicables a una población creciente. La selección cuidadosa
del paciente y del dispositivo endovascular hace que el método
sea exitoso a corto plazo. Consideramos que es necesario el seguimiento
a largo plazo antes de la aplicación masiva de estos procedimientos
combinados.
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