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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA CARDIOVASCULAR
Vol. II - N° 2 / Junio - Julio - Agosto 2004

EDITORIAL
HOMOINJERTOS VALVULARES: ESTADO ACTUAL*
Autor
Roberto R. Favaloro†,
Alejandro M. Bertolotti‡
Recibido: 16.05.2004
Aceptado: 27.05.2004
Correspondencia: Dr. Alejandro M. Bertolotti
Avenida
Belgrano 1746 (1093) - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos
(54 11) 4378-1200/1300
E-Mail:
abertolotti@ffavaloro.org
* Departamento de Cirugía Cardiovascular y Banco de Homoinjertos, Instituto
de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. Fundación Favaloro.
†Cirujano
Cardiovascular y Torácico, MT-CACCV.
‡ Cirujano Cardíaco, MT-CACCV
La
selección de la prótesis ideal para reemplazar válvulas enfermas es un
problema habitual de los cirujanos ante la diversidad de diferentes modelos
de válvulas artificiales mecánicas y biológicas. Leonardo da Vinci (1452-1519)
caracterizó el comportamiento hemodinámico de la válvula aórtica en
un modelo con los sinusoides aórticos hechos en cristal, describiéndolo
como un diseño perfecto. Hoy hacemos referencia a la "válvula
ideal", cuando aseguramos un flujo central no obstructivo, sin
hemólisis ni trombogenicidad, amplia disponibilidad, durabilidad, resistencia
a la infección, fácil inserción, mínima sonoridad y capacidad de remodelarse,
repararse y crecer.
Las prótesis mecánicas o biológicas distan enormemente de
cumplir con estas características. Sin embargo han sido la solución para
millones de pacientes si tenemos en cuenta que se implantan aproximadamente
180.000 prótesis por año en todo el mundo. Las limitaciones fundamentales
para las prótesis mecánicas son su baja biocompatibilidad y la necesidad
de anticoagulación crónica, la cual se acompaña de un índice de complicaciones
tromboembólicas del 5%/paciente/año(1).
Las bioprótesis presentan la limitación de su durabilidad, con la necesidad
de recambio, por lo que típicamente son utilizadas para pacientes añosos
de quienes se espera que no sobrevivan a su válvula implantada.
Cabe entonces preguntarse: ¿es el homoinjerto valvular
(HV) la prótesis ideal?
Las
primeras cirugías con HV fueron reportadas por Murray en 1956 (2),
sin embargo la actual utilización de los HV se inició gracias a los éxitos
reportados por Ross (3) en 1962
(implante subcoronario de un HV aórtico esterilizado con antibióticos)
y por Barrat-Boyes (4) en Green Lane
Hospital, en 1964. El siguiente hito lo marcó O'Brien (5),
cuando en 1987 demostró una función excelente a mediano plazo de HV criopreservados
según la técnica desarrollada por él y utilizada hoy en forma corriente.
Sus contribuciones sentaron las bases de las técnicas actualmente empleadas
por gran cantidad de cirujanos para el reemplazo valvular cardíaco con
HV. Generaron además una transformación creciente en el procesamiento
y utilización de tejido humano, favoreciendo la creación y proliferación
de bancos de HV a nivel mundial.
No existen dudas en que su diseño es el arquetipo perfecto,
y ofrecen un perfil hemodinámico óptimo, insonoridad, nula trombogenicidad
o hemólisis y excelente biocompatibilidad. Hoy muchos pacientes con contraindicaciones
para la anticoagulación se ven beneficiados al recibir un HV, pero ¿cumplen
con el resto de las características deseadas?
Si evaluamos la simplicidad en la inserción, debemos tener
en cuenta que el implante exige una selección adecuada del injerto y una
técnica depurada a los fines de asegurar que los beneficios antedichos
se mantengan en el receptor. Estas dificultades se han ido allanando a
lo largo de las últimas décadas, aplicándose distintas técnicas de implante:
la subcoronariana y el reemplazo de la raíz y/o aorta ascendente y/o cayado
aórtico en el caso de la patología aórtica y el implante del HV (válvula,
tronco y/o ramas pulmonares) en el caso de patología valvular pulmonar
adquirida o congénita. Si bien estas prácticas son complejas y prolongadas,
los adelantos en los métodos de cardioprotección y de circulación extracorpórea
han permitido aumentar la experiencia y se han transformado en procedimientos
cada vez más utilizados por cirujanos mejor entrenados, con excelentes
resultados a largo plazo. No ha ocurrido lo mismo con la patología mitral,
donde los resultados con HV han sido pobres.
A inicio de los ‘60 varios estudios experimentales demostraron
una falla temprana de la válvula mitral implantada; sin embargo Senning
en 1965 inicia la primera serie de HV mitrales implantados en posición
tricuspídea o mitral en 11 pacientes, debiendo reoperar a todos en un
lapso de tres años (6). Las dificultades
se presentaron fundamentalmente en la medición y selección del tamaño
adecuado, la técnica de fijación de los músculos papilares, la fijación
de las valvas y la reparación o restitución del anillo mitral. Cachera
en 1964 introduce el concepto de reemplazo parcial con HV mitral. La iniciativa
es retomada por Acar en los ‘90, quien propone nuevas técnicas de fijación
papilar, anuloplastia con anillo y el reemplazo parcial (comisural)
en pacientes con enfermedad reumática y/o endocarditis bacteriana
(7). Los resultados a corto y mediano
plazo mostraron una mortalidad perioperatoria del 4,6% y una tasa de reoperaciones
del 7,5%. Sin embargo otros cirujanos no han podido reproducir los resultados.
La durabilidad de este procedimiento es desconocida a largo plazo (8).
La endocarditis infecciosa valvular es un nicho donde los
HV van ganando indicación y resultados, fundamentalmente por la resistencia
del tejido biológico a la reinfección temprana y tardía (9).
Desde el punto de vista técnico, el reemplazo de la raíz aórtica completa
permite reparar las complicaciones generadas por la presencia de abscesos
anulares (10). Hoy en nuestra institución,
desde la creación del Banco de Homoinjertos en 1995, este tipo de válvulas
son la primera elección para el tratamiento de la endocarditis. La baja
tasa de donación y procuración de estos tejidos tan valiosos es la limitante
para su disponibilidad. La utilización de donantes receptores de trasplante
cardíaco (donantes vivos) no es suficiente para salvar la diferencia
entre la oferta y la demanda creciente.
En 1967 Ross describe por primera vez el reemplazo valvular
aórtico utilizando un autoinjerto de válvula pulmonar (11).
La cirugía de Ross es aplicable a muchos pacientes con enfermedad valvular
aórtica y provee una válvula durable no-antigénica y libre de eventos
tromboembólicos, sangrado o complicaciones degenerativas. Como característica
especial, el autoinjerto pulmonar es viable y posee el potencial de crecer
en los pacientes pediátricos. Como contrapartida esta técnica es compleja,
involucra un doble procedimiento valvular, con tiempos quirúrgicos prolongados
y tasas de morbimortalidad postoperatoria altas en sus inicios. Esto generó
interrogantes que demoraron en ser respondidos, hasta la creación en 1993
del Registro Internacional y la publicación de los resultados a largo
plazo a fines de los ‘90 (12). Sobre
2.523 pacientes tratados se comprobó una incidencia de reoperación a 10
años del 5,4% despejando dudas sobre la durabilidad y ganando adeptos
al procedimiento. En nuestro país la serie mas grande es la realizada
en la Fundación Favaloro, donde hasta la fecha se han practicado 150 procedimientos.
Sin embargo aún existen interrogantes respecto de las indicaciones precisas,
especialmente en la insuficiencia y en presencia de válvulas bicúspides,
donde los resultados son controvertidos (13-14).
La ingeniería de tejidos pareciera prometer la solución “ideal”
desde que se introdujo el concepto al inicio de los ‘90
(15), pero todavía existen muchas incertidumbres y los resultados
a largo plazo aún deben ser presentados.
Cabe incluir en la lista de variables analizadas por el cirujano,
las surgidas de la situación social, intelectual, laboral y geográfica
de los pacientes. Y ésto no es un hecho menor en países donde en ocasiones
más de la mitad de la población se encuentra por debajo de la línea de
pobreza. Quizás este tipo de pacientes sean los más beneficiados con implante
de HV, lo que les asegura una aceptable durabilidad, perfil hemodinámico
óptimo, sin necesidad de recibir medicamentos anticoagulantes, con menos
controles y bajas tasas de reoperación. Quizás éste sea el verdadero objetivo
a plantearse en el futuro.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Jamieson WR, Munro AI, Miyagishima RT, Grunkemeier GL, Burr
LH, Lichtenstein SV, et al. Multiple mechanical valve replacement surgery
comparison of St. Jude Medical and CarboMedics prostheses. European Journal
of Cardio-Thoracic Surgery 1998; 13(2):151-9.
2. Murray G. Homologous aortic valve segment transplants as surgical
treatment for aortic and mitral insufficiency. Angiology 1956; 7:466-71.
3. Ross DN. Homograft replacement of the aortic valve. Lancet 1962;
2:487.
4. Barrat-Boyes BG. Homograft aortic valve replacement in aortic
incompetence and stenosis. Thorax 1964; 19:131.
5. O'Brien MF, Stafford EG, Gardner MAH, Pohlner PG, McGiffin DC,
Kirklin JW. A comparison of aortic valve replacement with viable cryopreserved
and fresh allograft valves with a note on chromosomal studies. J Thorac
Cardiovasc Surg 1987; 94:812-23.
6. Senning A. Rekonstruktion der Mitralklappe: Homoioplastik. Thorax-chir
Vask Chir 1968, 16:601-605.
7. Acar C, Tolan M, Berrebi A, Gaer J, Gouezo R, Marchix T, et
al. Homograft replacement of the mitral valve: graft selection, technique
of implantation and results in forty-three patients. J Thorac Cardiovasc
Surg 1996, 111:367-380.
8. Kouchoukos N, Blackstone E, Doty D, Hanley F, Karp R. Mitral
Valve Disease with or without Tricuspid Valve Disease. En Kouchoukos N,
Blackstone E, Doty D, Hanley F, Karp R editors: Kirklin/Barrat-Boyes Cardiac
Surgery: Morphology, Diagnostic Criteria, Natural History, Techniques,
Results and Indications, Philadelphia, Elsevier Science 2003; p 483-553.
9. Kouchoukos N, Blackstone E, Doty D, Hanley F, Karp R. Aortic
valve disease. En Kouchoukos N, Blackstone E, Doty D, et al. Kirklin/Barrat-Boyes
Cardiac Surgery: Morphology, diagnostic criteria, natural history, techniques,
results and indications, Philadelphia, Elsevier Science 2003; p 554-656.
10. Glazier JJ, Verwilgen J, Donaldson RM, Ross DN. Treatment of
complicated prosthetic aortic valve endocarditis with anular abscess formation
by homograft aortic root replacement. J Am Coll Cardiol 1991; 17:1177-82.
11. Ross DN. Replacement of aortic and mitral valve with pulmonary
autograft. Lancet 1967; 2:956-8.
12. Oury JH, Hiro SP, Maxwell JM, Lamberti JJ, Duran CM. The Ross
Procedure: current registry results. Ann Thorac Sur 1998:S162-5
13. Elkins RC. Pulmonary Autograft. En Franco K, Verrier E, editors:
Advanced Therapy in Cardiac Surgery. 2nd ed. London, Hamilton, 2003; p.156-167.
14. Favaloro R, Stutzbach P, Gómez C, Machain A, Casabe H. Feasibility
of the Ross procedure: its relationship with the bicuspid aortic valve.
J Heart Valve Dis 2002; 11:375-82.
15. Veseli I NR, Wilson G. Development of a hybrid xenograft/autograft
aortic valve bioprosthesis. Canadian Journal of Cardiology 1991; p. 83A.
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