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  ISSN 1669-7723  
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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA CARDIOVASCULAR
Vol. II - N° 2 / Junio - Julio - Agosto 2004


ARTÍCULO ESPECIAL
ÉTICA, DERECHOS HUMANOS Y CONTROL SOCIAL*


Autor
Volnei Garrafa

Recibido:               19.02.2004
Aceptado:              26.03.2004
Correspondencia:   Prof. Volnei Garrafa
                            Universidade de Brasília,
                            Centro de Estudos Avançados Muldisciplinares - CEAM/UnB - UNB
                            Campus Universitario Darcy Ribeiro.
                            Asa Norte - Brasilia 70919970, DF - Brasil
                            E-mail: bioetica@unb.br
                           
                                                     


* Conferencia de apertura del I Foro del Proceso Donación - Trasplante en el Brasil, promovido por el Ministerio de Salud, Brasilia, 15 de abril de 2004.
† Profesor titular y coordinador del Núcleo de Estudios e Investigaciones en Bioética de la Universidad de Brasilia; presidente de la Sociedad Brasilera de Bioética de la UNESCO - REDBIOÉTICA.

RESUMEN

   A partir de los años ‘80, se empezó a verificar una cierta institucionalización de la ética. La pluralidad cultural y la evolución de costumbres, junto con nuevos parámetros morales, llevaron a las sociedades a abandonar en forma paulatina los principios y valores que venían proyectando sus decisiones y comportamientos, tanto en la esfera individual como colectiva.
   Hasta hace poco, las cuestiones éticas eran tratadas en forma restrictiva, casi exclusivamente como variables de derivación emotiva y/o individual. Hoy, la cuestión ética adquiere identidad pública.
   Es prudente que la humanidad -y especialmente los sectores de las ciencias biológicas, jurídicas y de la salud- reflexionen sobre la responsabilidad científica y social, y la aparente impotencia de la ética y de la filosofía contemporánea frente al hombre tecnológico, poseedor de poderes no sólo para desorganizar sino también para cambiar radicalmente los fundamentos de la vida.
   En este sentido, propongo incluir en la discusión algunos temas que vengo trabajando hace algunos años, sin limitarme a ellos: pluralidad, tolerancia, precaución, prudencia, protección, responsabilidad y justicia.
   El desafío es construir el proceso de inclusión de todas las personas y pueblos como beneficiarios de las conquistas científicas y tecnológicas.
  
Es necesario que -a pesar de la fuerza de la ciencia- la especie humana pase a ser más humilde en sus prácticas, aceptando el desafío de equilibrar los principios éticos que deben dirigir sus acciones, con las virtudes que deben presidir sus decisiones.
  (Rev Arg Cir Cardiovasc 2004; 2:132-137).

Palabras clave
Ética - Bioética - Derechos humanos



RESUMO

ÉTICA, DIREITOS HUMANOS E CONTROLE SOCIAL


   A partir dos anos ‘80, começou a se a verificar uma certa institucionalização da ética. A pluralidade cultural e a evolução dos costumes, junto com novos parâmetros morais, levaram às sociedades a abandonar paulatinamente os princípios e valores que vinham norteando suas decisões e comportamentos, tanto na esfera individual como na colectiva.
   Até pouco tempo atrás, as questões éticas eram tratadas em forma restritiva, quase que exclusivamente como variáveis de derivação emotiva e/ou individual. Hoje, a questão ética adquere identidade pública. É prudente que a humanidade -e especialmente os setores das ciências biológicas, jurídicas e da saúde- reflitam sobre as responsabilidades científica e social, e a aparente impotência da ética e da filosofia contemporânea ante o homem tecnológico, possuidor de poderes não só para desorganizar senão também para mudar radicalmente os fundamentos da vida.
   Neste sentido, proponho introduzir na discussão alguns temas que venho trabalhando há alguns anos, sem me limitar a eles: pluralidade, tolerância, precaução, prudência, proteção, responsabilidade e justiça.
   O desafio é construir o processo de inclusão de todas as pessoas e povos como beneficiários das conquistas científicas e tecnológicas.
   É preciso que -apesar da força da ciência- a espécie humana passe a ser mais humilde nas suas práticas, aceitando ol desafio de equilibrar os princípios éticos que devem conduzir suas ações, com as virtudes que devem presidir suas decisões.
   (Rev Arg Cir Cardiovasc 2004; 2:132-137)

Palavras chave
Ética - Bioética - Direitos humanos


SUMMARY

ETHICS, HUMAN RIGHTS AND SOCIAL CONTROL

   Starting in the 80´s, somehow ethics began to institutionalize. Cultural diversity and habits evolution, as well as new moral parameters, drove societies to gradually leave behind principles and values leading to decisions and behaviors, both in individuals and colective ranges.
   Until recently, ethic topics were restrictedly treated, almost exclusively as emotional and/or individual variables. Nowadays, ethic topics gain public identity.
   It is adviseable than humanity -and specially those dealing with biological, juridical and health sciences- reflect on scientific and social responsibility, as well as on the apparent impotence of ethics and contemporary philosophy facing the technological man as the owner of powers able not only to disorganize life but also to radically alter life basements.
   In that sense, my proposal is discussing some aspects I´ve been working on (but not restricted to) for some years: diversity, tolerance, caution, prudence, protection, responsibility and justice.
   To elaborate a process including all people and countries as beneficiaries of scientific and technological conquests is our challenge.
   It is a must that human kind -even against the power of science- adopt humbler practices, facing the challenge to balance the ethics principles that should lead their actions with the virtues presiding their decisions.
   (Rev Arg Cir Cardiovasc 2004; 2:132-137)

Key words
Ethics - Bioethics - Human rights



INTRODUCCIÓN

   
A partir de los años ‘80, se empezó a verificar en diferentes países una cierta forma de la institucionalización de la ética. La pluralidad cultural y la evolución de costumbres, junto con nuevos parámetros morales, llevaron a las sociedades a abandonar en forma paulatina los principios y valores que venían proyectando sus decisiones y comportamientos, tanto en la esfera individual como colectiva.
   Como consecuencia de estos cambios de orden general, los temas relacionados con el trabajo en salud también exigirán un nuevo enfoque. Hasta hace poco, las cuestiones éticas eran tratadas en forma restrictiva, casi exclusivamente como variables de derivación emotiva y/o individual. El paciente en una comunidad, como sujeto legítimo de discusión ética en salud, era nombrado tangencialmente. Las atenciones éticas estaban dirigidas a los códigos de diferentes posiciones del sector sanitario, proyectando en consecuencia una visión unilateral, paternalista y socialmente distorsionada en la relación médico-paciente o en la relación programas/servicios-usuarios.
   Hoy, la cuestión ética adquiere identidad pública. Crece en importancia en lo que dice respecto al análisis de responsabilidades frente a las diferentes situaciones sanitarias y a la interpretación histórico-social más precisa de los cuadros epidemiológicos, como también es esencial en la determinación de las formas de intervención que serán programadas, en la formación de personal, en la responsabilidad del Estado frente a los ciudadanos más necesitados.
   La preocupación mundial por las cuestiones morales, en los años ‘60, movilizó tres sectores esenciales:
   a) la ética de los negocios, que avanzó poco tras la instauración de la ideología neoliberal;
   b) la ética ambiental, que logró llamar la atención sobre los problemas ambientales más urgentes; y
   c) la bioética, que está luchando por insertar sus grandes paradigmas en la agenda de discusión en este inicio de siglo.
   La bioética ganó concresión a partir de un libro publicado por el oncologista Van Ressenlaer Potter, en 1971, Bioética: un puente hacia el futuro (1). En esta obra, Potter la define como “la ciencia de la supervivencia y del mejoramiento de la vida”. Así, la bioética, amplió su espectro más allá de los límites tradicionales que tratan de los problemas deontológicos recurrentes de las relaciones entre los profesionales de la salud con sus pacientes.
   La conceptualización de la bioética está en constante evolución, mas podemos vaticinar una gran clasificación de las cuestiones que ella trata: la bioética de las situaciones persistentes, que analiza aquellos temas cotidianos que se refieren a la vida de las personas, como la exclusión social, el racismo, la discriminación, la asignación de recursos escasos, la eutanasia, el aborto. Y la bioética de las situaciones emergentes, que se ocupa de los conflictos originados en la contradicción verificada entre el rápido progreso biomédico y los límites o fronteras de la ciudadanía y de los derechos humanos, como las fecundaciones asistidas, las donaciones y trasplantes de órganos y tejidos, la ingeniería genética de animales y de la propia especie humana, entre otras situaciones.
   En este sentido, está claro que la bioética no significa apenas una moral del bien o del mal, o un saber académico a ser transmitido y aplicado en la realidad concreta, como la medicina o la biología. Por la amplitud del objeto del que se ocupa, sus verdaderos fundamentos solamente pueden ser alcanzados por medio de una acción multidisciplinaria que incluya, además de las ciencias médicas y biológicas, también la filosofía, el derecho, la antropología, la ciencia política, la teología, la economía.
   La rapidez de las conquistas científicas y tecnológicas exigió que la filosofía suplantase sus viejos dilemas y se tornase más dinámica y práctica -aplicada- en la procura de la nueva racionalidad ética. Parámetros morales secularmente estancados comenzaron a ser cuestionados y transformados, generando la necesidad del establecimiento de nuevos principios éticos que, a su vez, pasaron a requerir de la sociedad ordenamientos jurídicos pertinentes a la nueva realidad.


La ética de la responsabilidad: científica y social


   Algunas semanas antes de fallecer, en Nueva York, el pensador alemán Hans Jonas concedió una entrevista al filósofo italiano Vittorio Hosle. El centro de sus declaraciones era el hecho de que, hoy día, sentimos frecuentemente que el progreso intelectual (científico y tecnológico) es atropellado por los acontecimientos.
   Para Jonas, en este momento, el ser humano está abierto a la responsabilidad y al riesgo, es llamado a darse cuenta de sí y de su descendencia, a mostrar respeto por la totalidad del mundo natural y tornarse, por todo eso, no en el idealismo de la conciencia, pero sí en la escuela de ser el guardián de su propio ser (2).
   Es prudente que la humanidad -y especialmente los sectores de las ciencias biológicas, jurídicas y de la salud- reflexionen con cuidado sobre las señalizaciones apuntadas por Jonas respecto del principio de la responsabilidad científica y social y de la aparente impotencia de la ética y de la filosofía contemporánea frente al hombre tecnológico, poseedor de tantos poderes no sólo para desorganizar sino también para cambiar radicalmente los fundamentos de la vida.
   Principalmente con relación a las contradicciones que la humanidad se ve hoy obligada a enfrentar, para Jonas es necesario que la racionalidad ética camine con la misma velocidad que el progreso científico y tecnológico. A pesar de no usar la expresión “ética aplicada”, manifiesta que la filosofía puede decir varias cosas concretas: qué tipos y formas de vida son mejores que otras, qué cosas traen beneficio o daños.
   Según él, el progreso moral colectivo puede ser evidenciado de tres formas: a) a través de la legislación de los Estados modernos; b) en ciertos valores que son incorporados en los códigos de las leyes; c) en los comportamientos públicos. No son pocos los países que aún caminan bien los dos primeros desafíos, sucumbiendo fragorosamente en el tercero.
   Las consecuencias de la alianza entre ciencia, técnica y economía en un contexto de neoliberalismo político y económico trajeron progreso, riqueza y libertad solamente para una minoría privilegiada de personas, generando miseria y sufrimiento para la gran mayoría de la población. De este diagnóstico sombrío, nace la preocupación ética de que las morales dependientes de la racionalidad estratégico/instrumental, del decisionismo, de la irracionalidad subjetivista o del pragmatismo, se muestran incapaces para hacer frente a los desafíos, esto es para fundamentar las bases de una macroética de la responsabilidad solidaria (3-4).
   Según algunos autores que se encuentran preocupados con la situación actual de una “ética sin moral”, las perspectivas futuras direccionan la necesidad de radicalización de la democracia a partir de un nuevo sujeto moral (individuo), que tiene como base de actuación la participación y la autonomía (5-6). De cierta forma, ese contexto guarda relación con el concepto de democracia radical, el cual significa: a) la idea del sujeto autónomo que ejerce una autonomía en los diferentes ámbitos de la vida social (político, sanitario, ecológico, pedagógico, económico, etc.) teniendo en cuenta sus peculiaridades; b) que defiende en el plano individual un nuevo humanismo contra el neoindividualismo; c) que propone en el plano colectivo la democracia participativa en lugar del antiguo poder centralizado. Con relación al tema de la “radicalidad”, vale recordar que el problema central de la bioética no es el del límite ético, sino aquel de las razones que justifican un juicio moral dado.


Los límites de la manipulación de la vida


   La cuestión de la manipulación de la vida puede ser contemplada a partir de variados ángulos: biotecnológico, político, económico, social, jurídico y moral. Con respecto a la libertad (individual y colectiva) conquistada por la humanidad a través de los tiempos, la pluralidad constatada en este final de siglo requiere que el estudio bioético del asunto contemple -en la medida de lo posible y de forma multidisciplinaria- todas estas posibilidades.
   Con relación a la vida futura del planeta, no deberán ser reglas rígidas o límites exactos los que establecerán hasta dónde el ser humano podrá o deberá llegar. Es necesario que se pase a discutir sobre principios más amplios que, sin ser cuantitativos o limítrofes en su esencia, puedan proporcionar contribuciones conceptuales y también prácticas en lo que dicen respecto al equilibrio y bienestar futuro de la especie. En este sentido, propongo incluir en la discusión algunos temas que vengo trabajando hace algunos años, sin limitarme a ellos: pluralidad, tolerancia, precaución, prudencia, protección, responsabilidad y justicia (7-8).
   Diversos sectores de la sociedad, principalmente aquellos religiosos y más dogmáticos, tienen trazada una visión apocalíptica de la relación entre la ciencia y la vida. Uno de los documentos más respetables que contempla la discusión bioética -la Encíclica Evangelium Vitae, de Juan Pablo I- desarrolla esta línea de pensamiento. El Papa llega a definir al siglo XX como una época de ataques pasivos contra la vida, como un reino de culto a la muerte.
   La insistencia en los aspectos negativos de la realidad obstaculiza una visión más precisa y articulada de este siglo. Sin caer en la posición opuesta, se debe reconocer que el siglo XX, a pesar de las guerras, fue también el siglo de la vida, en el cual la profundización del conocimiento científico mejoró la vida en términos de calidad para la mayoría de la especie humana. El desafío de hoy, por lo tanto, es construir el proceso de inclusión de todas las personas y pueblos como beneficiarios de este progreso.
   La cuestión del progreso científico no puede restringirse al campo emocional, religioso y, menos aún, dogmático. El ejercicio del autocontrol en el campo biotecnocientífico fue así observado por Napoleoni: “Hasta hoy, no hay dudas de que toda vez que se quiso establecer un condicionamiento no técnico sobre la ciencia, la operación fracasó. Toda vez que se dijo, 'aquí existe una falta de moralidad; reconstituyamos pues ... ciertos valores morales y también políticos, de modo de proporcionar fines diferentes de aquellos que la técnica puso por sí misma', esta operación se reveló absolutamente patética” (10).


Ni “endiosamiento”, ni demonización de la ciencia


   Con relación a las ciencias biomédicas, las reflexiones morales emanadas de diferentes sectores de la sociedad muestran hoy dos tendencias antagónicas. De un lado, existe una bioética radical justificativa, a través de la cual “todo lo que es real, no sólo es racional, sino también moral”; en otras palabras, significa que “todo aquello que puede ser hecho, debe ser hecho”.
   En el extremo opuesto, crece una tendencia conservadora basada en el miedo de que nuestro futuro sea invadido por tecnología amenazadora, llevando a sus defensores a la búsqueda de un culpable, erróneamente identificado en la matriz de las nuevas técnicas, en la propia ciencia.
   De acuerdo con este orden polarizado de cosas, el mundo moderno podrá desarticular una creciente “confusión diabólica”, o una resolución de todos los problemas de la especie humana por medio del progreso científico. Las dos hipótesis corren el riesgo de alimentar, en la esfera cultural, el dogmatismo; y en la esfera práctica, la pasividad.
   Toda esa desorganización de ideas y prácticas comprometen directamente a la propia especie humana, que se tornó interdependiente en relación a los hechos, aunque por suerte se mantiene diversificada en términos de historia, leyes y cultura.
   La relación entre interdependencia, diversidad y libertad podrá tornarse un factor positivo solamente en el caso en que en las orientaciones bioéticas de las escuelas prácticas fueran reforzadas las tendencias del pluralismo y la tolerancia.
   El conocimiento es por sí solo un valor, mas la decisión sobre cuáles conocimientos la sociedad, el científico o el profesional de salud deben concentrar sus esfuerzos, implica la consideración de otros valores. Las responsabilidades éticas del científico o del médico deben ser avaladas no sólo por el ejercicio de sus investigaciones o sus acciones clínico-quirúrgicas en sí, sino, principalmente, por las consecuencias sociales que de ellas emanan.
   En cuanto a la ciencia o a la medicina, no siendo ideológicas por sus estructuras, pueden estar al servicio de los fines más nobles o de los más perjudiciales; el científico o el médico no pueden permanecer indiferentes a las consecuencias sociales de su trabajo. Si la ciencia o la medicina no pueden ser ética o moralmente calificadas, puede serlo, en tanto, la utilización que de ellas se haga, los intereses a los que sirven y las consecuencias sociales de sus aplicaciones.
   Con respecto a la tolerancia, la filósofa inglesa Mary Warnock destacó el principio según el cual la única razón válida para no tolerar un comportamiento, es que éste cause daños a otras personas, independientemente de quien lo adopta (12).


Consideraciones finales

   Un peligro que siempre ronda los medios científicos es la posibilidad de que surjan propuestas de prohibiciones generalizadas con relación a las investigaciones y prácticas biomédicas que puedan venir a tener sus objetivos reales distorsionados. En este sentido, es indispensable que las reglas y las leyes que disponen sobre el desenvolvimiento científico y tecnológico sean cuidadosamente elaboradas.
   Según Lecaldano (13), existe “un núcleo de cuestiones que precisan ser reconducidas dentro de reglas de carácter moral, y no sancionadas jurídicamente”, y otro, “en el cual estas cuestiones deben ser más rígidamente sancionadas y, por lo tanto, codificadas”. El primer aspecto se refiere al pluralismo, la tolerancia y la solidaridad, prevaleciendo la idea de legitimidad. El segundo dice más respecto a la responsabilidad y la justicia, donde prevalece la idea de legalidad.
   Se trata, por encima de todo, de verificar si es posible trabajar para la definición de una compatibilidad entre puntos de vista que permanecieron diferentes, pero cuya diversidad no implique necesariamente un conflicto o una radical incompatibilidad.(14)
   Es conveniente recordar una vez más las siempre cautelosas palabras de Hans Jonas: “Esta tierra virgen de la praxis colectiva, en la cual adentramos con la alta tecnología... constituye, para la teoría ética, una especie de tierra de nadie”. Esta profunda afirmación nos lleva a reflexionar sobre la necesidad -a pesar de la fuerza de la ciencia- de que la especie humana pase a ser más humilde en sus prácticas, aceptando el desafío de equilibrar los principios éticos que deben dirigir sus acciones, con las virtudes que deben presidir sus decisiones.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Potter VR. Bioethics: the Bridge to the Future. USA, Englewood Cliffs, Prentice-Hall, 1971.

2. Jonas H. II Principio Responsabilitá. Turimm. Einaudi Editore, 1990; p. 3-32.

3. Apel KO. Estúdios éticos. Barcelona. Alfa, 1986; p. 94.

4. Apel KO. Teoría de la verdad y ética del discurso. Barcelona. Paidós, 1991; p. 147.

5. Cortina A. Ética sin moral. Madrid. Editorial Tecnos, 1990, p. 11-20.

6. Cortina A. Ética aplicada y democracia radical. Madrid. Editorial Tecnos, 1993; p. 89-154.

7. Berlinguer G, Garrafa VO. Mercado humano. Estudo bioético da compra e venda de partes do corpo. 2ª ed. Brasilia. Editora UnB, 2001.

8. Garrafa V, Porto D. Intervention bioethics: a proposal for peripheral countries in a context of power and injustice. Bioethics 2003; 17 (5-6):399-416.

9. Joao Paulo II: Evangelium Vitae. Lettere inciclica sul valore e l'inviolabilitá della vita umana. Bolonia. Edizione Dehoniane, 1995.

10. Napoleoni C. Cercate ancora. Letttera sulla laicità e iltimi scritti. Roma Editori Riuniti, 1988; p. 48-9.

11. Sánchez-Vázquez A. Ética. 8ª ed., Río de Janeiro, Civilizaçâo Brasileira, 1985; pp. 86-9.

12. Warnock M. I limiti della tolleranza. En: Mendus S., Edwards, D. Saggi sulla Tolleranza. Milâo, II Saggiatori/Mondadori, 1990; p. 169.

13. Lescaldano E. Assise Internazionale di Bioética, Roma 28-30 de maio de 1992; notas preparatórias ao Encontro, cujo conteúdo completo foi publicado pôr Rodotá, S. (org.) Questioni di Bioética. Roma - Bari, Sagitari Laterza, 1993.

14. Rodotá S. Introduzione. En: Questioni di Bioética, cit. P. IX..




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