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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA CARDIOVASCULAR
Vol. II - N° 2 / Junio - Julio - Agosto 2004

ARTÍCULO ORIGINAL
ANGIOGÉNESIS TERAPÉUTICA
Autor
Juan Cosín Sales*
Recibido: 20.04.2004
Aceptado: 06.05.2004
Correspondencia: Dr. Juan Cosín Sales
Departamento
de Cardiología
Hospital
Arnau de Vilanova,
San
Clemente 12, Valencia, España
* MD
RESUMEN
El término angiogénesis fue
utilizado por primera vez en 1787 por el cirujano británico Mr. Hunter,
pero realmente fue acuñado en el año 1935 para describir la formación
de neovasos en la placenta. En 1963 se aceptó la hipótesis de que los
tumores sólidos eran angiogénesis-dependientes y en 1968 dos experimentos
demostraron que las células tumorales producían factores angiogénicos
solubles. Tres años después se aisló el primer factor angiogénico. Posteriormente
numerosos estudios
in vitro
e in vivo han facilitado el conocimiento más amplio de los mecanismos
de neovascularización.
El desarrollo de nuevos tratamientos encaminados a aumentar
el aporte sanguíneo del corazón isquémico continúa siendo un reto para
los investigadores en el campo cardiovascular. Inicialmente, la RTML,
por medio de un proceso inflamatorio, conseguía estimular la síntesis
de neovasos. Posteriormente, la aplicación de factores de crecimiento,
de forma más directa, lograba el objetivo de aumentar la densidad vascular.
La aplicación de la terapia génica nos ha permitido mantener la síntesis
endógena de un factor de crecimiento durante un periodo de tiempo, lo
que se ha trasladado en excelentes respuestas angiogénicas en los territorios
tratados, tanto es así que en algún caso llegaron a formarse angiomas,
lo que nos obliga a ser cautos, especialmente con vectores que originan
transfecciones duraderas. Por último, el transplante celular nos ha permitido
implantar directamente las células que formaran los nuevos vasos en el
territorio isquémico, lo cual a priori, es muy alentador. En la actualidad,
parece que el futuro pueda estar en desarrollar sustancias (como el
factor 1 derivado de las células estromales) que ayuden a generar
mayor número de estas células madre por el propio organismo y facilitar
que encuentren su camino hasta el miocardio isquémico o necrótico. De
cualquier forma, como dice la canción, y parafrasea el editor de Circulation,
James T. Willerson, en un reciente artículo “the future's so bright,
[we've] gotta wear shades!” (¡el futuro es tan brillante, que deberíamos
llevar gafas de sol!).
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2004; 2:105-115)
Palabras clave
Angiogénesis - Regeneración cardíaca - Células madre
RESUMO
ANGIOGÊNESE TERAPÊUTICA
O termo angiogênese foi utilizado pela primeira vez
em 1787 pelo cirurgião britânico Mr. Hunter, porém realmente foi aplicado
em 1935 para descrever a formação de neovasos na placenta. Em 1963 foi
aceita a hipótese dos tumores sólidos serem angiogênese-dependentes e
em 1968 dois experimentos demonstraram que as células tumorais produziam
fatores angiogênicos solúveis. Três anos depois, isolou-se o primeiro
fator angiogênico. Posteriormente numerosos estudos in vitro e in vivo
tem facilitado o conhecimento mais amplo dos mecanismos de neovascularização.
O desenvolvimento de novos tratamentos encaminhados a aumentar
o aporte sangüíneo do coração isquêmico continua sendo um desafio para
os investigadores no campo cardiovascular. No início, a RTML, por meio
de um processo inflamatório conseguia estimular a síntese de neovasos.
Posteriormente, a aplicação de fatores de crecimento, de forma mais direta,
lograva o objetivo de aumentar la densidade vascular. A aplicação da terapia
gênica, tem nos permitido manter a síntese endógena de um fator de crescimento
durante un período de tempo, o que significou excelentes respostas angiogênicas
nos territórios tratados, de tal maneira que em algum caso chegaram a
se formar angiomas, fato que nos obriga a ser cautelosos, especialmente
com vetores que originam transfecções duradouras. Por último, o transplante
celular tem nos permitido implantar diretamente as células que formarão
os novos vasos no território isquêmico, o que, a priori, é muito alentador.
Na atualidade, parece que o futuro possa estar no desenvolvimento de substâncias
(como o fator 1 derivado das células estromais) que ajudem a gerar
maior número destas células-mãe pelo próprio organismo e facilitar que
encontrem seu caminho até o miocárdio isquêmico ou necrótico. De qualquer
forma, como diz a música, e parafraseia o editor de Circulation, James
T. Willerson, num recente artículo: “the future's so bright, [we've]
gotta wear shades!” (o futuro é tão brilhante, que deveriamos levar óculos
escuros!).
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2004; 2:105-115) .
Palavras chave
Angiogênese - Regeneração cardíaca - Células-mãe
SUMMARY
THERAPEUTICAL ANGIOGENESIS
The word angiogenesis was used for the first time in
1787 by Mr. Hunter, a british surgeon, but it was actually coined in 1935
in order to describe formation of new vessel within the placenta. During
1963 the working thesis that solid tumors were angiogenesis-depending
was accepted and in 1968 two experiments demostrated that tumoral cells
produced soluble angiogenic factors. Three years later, the first angiogenic
factor was isolated. Thereafter, many in vitro and in vivo studies have
helped to spread a wider knowledge of neovascularization mechanisms.
The development of new treatments driven to increase the
blood flow of the ischemic heart keeps on being a challenge for researchers
in the cardiovascular field. Initially, the RTML, through an inflammatory
process could stimulate the synthesis of new vessel. Later on, the direct
application of growing factors reached the goal of increasing the vascular
density. Application of genes therapy has allowed maintaining the endogenous
synthesis of a growing factor during a period of time. This has evolved
to excellent angiogenic feedbacks on treated territories, up to a point
that led to some cases of angioma formation, thus obliging us to act with
caution, specially with vectors originating lasting transfections.
Eventually, celular trasplant has permitted the direct implanting
of cells that will constitute the new vases within the ischemic territory,
which is very encouraging at an early stage. Nowadays it looks promising
the development of substances (like factor 1 derived from stromal cells)
helping the organism itself to generate a higher number of these mother
cells and leading them to find their way up to the ischemic or necrotic
miocardium. Any way, as heard in the lyrics of the song paraphrased by
James T. Willerson, Circulation´s editor, in a recent article: “the
future's so bright, [we've] gotta wear shades!”
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2004; 2:105-115) .
Key
words
Angiogenesis - Cardiac regeneration - Stem cells
| |
ABREVIATURAS |
| |
|
|
|
| |
eNOS |
|
Óxido nítrico sintasa |
| |
EPCs |
|
Células progenitoras endoteliales |
| |
FGF |
|
Factor de crecimiento fibroblástico |
| |
FGFb |
|
Factro de crecimiento de fibroblastos-básico |
| |
FGF-1 |
|
Factor de crecimiento fibroblástico 1 |
| |
FGF-2 |
|
Factor de crecimiento fibroblástico 2 |
| |
FGF-4 |
|
Factor
de crecimiento fibroblástico 4 |
| |
FGF-5 |
Factor de crecimiento fibroblástico 5 |
| |
GM-CSF |
Granulocitos-monocitos |
| |
HGF |
Factor de crecimiento hepatocitario |
| |
HIF |
Factor inducible por la hipoxia |
| |
ICAM-1 |
Moléculas de adhesión |
| |
MMPs |
Metaloproteinasas |
| |
PDGF |
Factor de crecimiento derivado de plaquetas |
| |
PDGF-B |
IFactor
de crecimiento definido de respuesta B |
| |
PDGF-BB |
IFactor
de crecimiento definido de respuesta BB |
| |
PECAM |
Platelet endothelial cell-adhesion molecule-1 |
| |
RTML |
Revascularización transmiocárdica con
láser |
| |
TGF-1 |
Factor necrosis tumoral 1 |
| |
VEGF |
Factor de crecimiento de endotelio vascular |
| |
VEGF2 |
Factor de crecimiento de endotelio vascular
2 |
| |
VEGF-A |
Factor de crecimiento de endotelio vascular
A |
| |
VEGF-165 |
Factor de crecimiento de endotelio vascular
165 |
| |
VPF |
Factor de permeabilidad vascular |
INTRODUCCIÓN
En
las últimas décadas, gracias a grandes avances en el tratamiento de la
cardiopatía isquémica, hemos asistido a una reducción en la tasa de mortalidad
de las enfermedades cardiovasculares. No obstante, al mejorar el pronóstico
y alargar la vida se ha prolongado la evolución de la enfermedad y se
ha dado pie a la aparición de una nueva forma de angina: la angina refractaria.
Se trata de una angina severa, tanto de reposo como de mínimos esfuerzos,
que se manifiesta en pacientes con el máximo tratamiento farmacológico
y sin la posibilidad técnica de realizarles un procedimiento convencional
de revascularización coronaria. Suele aparecer tras una larga evolución
de la enfermedad coronaria, y su diagnóstico exige descartar cualquier
posible tratamiento
(1).
En los últimos años se han desarrollado nuevas terapias para
la angina refractaria, encaminadas a aumentar el aporte de sangre en los
territorios isquémicos mediante la formación de nuevos vasos, “angiogénesis
terapeútica”.
El término angiogénesis fue utilizado por primera vez en
1787 por el cirujano británico Mr. Hunter, pero realmente fue acuñado
en el año 1935 para describir la formación de neovasos en la placenta
(2).
En 1963 se aceptó la hipótesis de que los tumores sólidos eran angiogénesis-dependientes
(3).
y en 1968 dos experimentos
(4-5).
demostraron que las células tumorales producían factores angiogénicos
solubles. Tres años después se aisló el primer factor angiogénico. Posteriormente
numerosos estudios in vitro e in vivo han facilitado el
conocimiento más amplio de los mecanismos de neovascularización.
FISIOLOGÍA
DEL DESARROLLO VASCULAR
En el desarrollo y formación de nuevos vasos
se diferencian tres etapas: vasculogénesis, angiogénesis y arteriogénesis
(Tabla 1). En cada una de
estas tres etapas actúan un gran número de factores de crecimiento que
dirigen y modulan este proceso (Tabla 2).
| |
VASCULOGÉNESIS |
ANGIOGÉNESIS |
ARTERIOGÉNESIS |
| Tipos celulares |
Angioblastos |
Cels endoteliales (CE) |
CE y musc. liso |
| Estímulo principal |
Desarrollo |
Inflamación-isquémica |
Isquemia |
| Resultado final |
Vasos Rudimentarios |
Capilares |
Arterias-arteriolas |
| Ocurre en adultos |
Poco |
Sí |
Sí |
| Aporte de perfusión |
Mínimo |
Escaso |
Importante |
| Factores implicados |
VEGF, VEGFR2, Ang, FGFb, GM-CSF |
FGF, VEGF, IGF-1 |
MCP-1, GM-CSF, VEGF, FGFb |
Tabla
1. Diferencias fundamentales en las distintas fases
de formación neovascular.
|
|
FACTOR
|
ANGIOGÉNESIS
|
CELULAS ENDOTELIALES
|
|
Proliferación
|
Motilidad
|
|
| VEGF |
Sí
|
Sí
|
Sí
|
| FGF ácido |
Sí
|
Sí
|
Sí
|
| FGF básicos |
Sí
|
Sí
|
Sí
|
| Angiogenina |
Sí
|
No
|
No determinado
|
| TGF-a |
Sí
|
Sí
|
No determinado
|
| TGF-b |
Sí
|
Inhibición
|
No determinado
|
| PDGF |
Sí
|
No
|
Sí
|
| Prostaglandinas |
Sí
|
No
|
No determinado
|
| Lípidos de adipocitos |
Sí
|
No
|
Sí
|
Tabla 2.
Actividades biológicas de los factores angiogénicos.
|
La vasculogénesis consiste en
la formación de vasos rudimentarios a partir de angioblastos o células
precursoras pluripotenciales angioblásticas. Estos angioblastos forman
inicialmente los islotes sanguíneos, y de estos, las células de la periferia
se diferencian en precursores endoteliales, mientras que las que quedan
en el centro lo hacen hacia precursores hematopoyéticos. Inicialmente
se pensaba que la vasculogénesis sólo tenía lugar en la etapa embrionaria,
pero recientemente se han aislado precursores pluripotenciales angioblásticos
en etapas postembrionarias, siendo su origen la médula ósea. Las circunstancias
que en la edad adulta hacen a estas células migrar a un punto concreto
y comenzar la formación de nuevos vasos in situ permanecen en estudio,
aunque se conoce que el factor de crecimiento de endotelio vascular
(VEGF) y el factor estimulador de colonias de granulocitos-monocitos
(GM-CSF) están implicados. Una vez que los angioblastos llegan al lugar
adecuado, parece que el VEGF, su receptor (VEGFR2) y el factor de crecimiento
de fibroblastos-básico (FGFb) son los encargados de estimular su diferenciación
hacia células endoteliales (6).
Una etapa posterior es la angiogénesis, que es el
mecanismo más frecuente de desarrollo neovascular en el corazón humano
y consiste en la formación de nuevos vasos con células periendoteliales,
y en ausencia de túnica media. Puede darse tanto en la etapa embrionaria
como en la edad adulta.
La angiogénesis consta de distintas etapas que tienen lugar
a partir de los vasos surgidos mediante vasculogénesis. Inicialmente estos
vasos se dilatan por efecto del óxido nítrico (mediado por VEGF),
y aumentan su permeabilidad, lo que permite la extravasación de proteínas
plasmáticas y la degradación de matriz extracelular por las metaloproteinasas
(MMPs), creándose un espacio para nuevas migraciones de células endoteliales,
que a su llegada secretarán más FGFb, VEGF, y factor de crecimiento similar
a la insulina (IGF-1), con lo que se origina un feed-back positivo,
induciendo la proliferación y migración de nuevas células endoteliales,
que se ordenan formando cordones sólidos y posteriormente se tunelizan,
aumentan su diámetro (mediado fundamentalmente por VEGF 121 y 165)
(6) y se ramifican. Por último, las
células periendoteliales sintetizan péptidos vasoactivos, factores de
crecimiento, citokinas y la matriz extracelular, que sirve de estructura
de soporte, a través de la cual los vasos migran y almacenan y movilizan
factores de crecimiento. La llegada de estas células periendoteliales
está mediada por el PDGF-BB, cuya síntesis y liberación es estimulada
por VEGF.
La arteriogénesis consiste en el desarrollo y crecimiento
de los pequeños vasos preexistentes (originados mediante angiogénesis)
formando verdaderas arterias con túnica media (músculo liso), capaces
de soportar una adecuada circulación sanguínea y adaptarse a las oscilaciones
fisiológicas de demanda. Se inicia por una situación de isquemia, que
hace que las células endoteliales expresen citoquinas (MCP-1) y moléculas
de adhesión (ICAM-1), lo que conlleva un reclutamiento de monocitos y
posterior infiltración y proteolisis de la pared vascular. Además intervienen
bFGF, PDGF-B y TGF-1, sintetizadas también por las células endoteliales
(7).
Estímulos fisiológicos de la angiogénesis
Los principales factores fisiológicos relacionados con el
desarrollo de circulación colateral son la isquemia y los factores mecánicos.
La angiogénesis es una respuesta fisiológica al estrés hipóxico
in vivo, pero no están claros los mecanismos y estímulos concretos
que inician el desarrollo de colaterales en respuesta a la isquemia tisular.
Fleisch demostró en pacientes con enfermedad coronaria estable la asociación
que existía entre FGF-2, VEGF y la circulación colateral, siendo esta
relación menor para el FGF-2 que para el VEGF. Según parece, la isquemia
aumenta el VEGF, y éste y la propia isquemia aumentan el receptor KDR
de VEGF. El aumento de VEGF en respuesta a la hipoxia es un mecanismo
fisiológico de feed-back, que es mediado por el factor inducible
por la hipoxia (HIF). En situación normal, la subunidad a del HIF-1
es degradada, pero durante la hipoxia, esta degradación se reduce, con
lo que aumentan sus niveles y a su vez la expresión del gen promotor del
VEGF (8). También en la fase inicial
de la dilatación de las colaterales, factores mecánicos como el estrés
tangencial en la pared vascular pueden iniciar un remodelado vascular
y estimular el crecimiento de células musculares lisas vasculares a través
del receptor de factor de crecimiento epidérmico.
ANGIOGÉNESIS TERAPEÚTICA
Para el estímulo de la angiogénesis en pacientes
con isquemia refractaria se han aplicado múltiples técnicas: revascularización
transmiocárdica con láser, revascularización “mecánica”, aplicación
de factores de crecimiento, terapia génica y trasplante de células madre.
Revascularización transmiocárdica con láser (RTML)
Basándose en la anatomía del corazón de los reptiles
(arterias epicárdicas junto a múltiples sinusoides intramiocárdicos
que aportan el flujo sanguíneo al ventrículo), Mirhoseini (9)
decidió aplicar por primera vez la energía láser para la creación de canales
miocárdicos que mejoraran la perfusión miocárdica (inicialmente acompañando
a injertos aorto-coronarios en pacientes no revascularizables totalmente).
Posteriormente, 4 estudios randomizados en pacientes con angina refractaria
demostraron la mejoría clínica conseguida en estos pacientes mediante
RTML.
El mecanismo de acción de esta técnica ha permanecido en
discusión, aunque parece que la estimulación de un neocrecimiento vascular
es la causa más probable responsable de la mejoría clínica
(10). Distintos autores demostraron una proliferación de nuevos
vasos en las zonas tratadas así como en su periferia. Posteriormente,
intentando explicar el mecanismo de este sobrecrecimiento vascular, Horvath
demostró que la RTML origina un estímulo para la expresión del gen de
VEGF y un aumento de sus niveles en tejido. Nuestro grupo, en un modelo
porcino de isquemia miocárdica crónica también observó una mayor densidad
vascular en la zona tratada con láser al compararla con la zona no tratada
de esos mismos corazones y frente a animales controles. Además esta mayor
densidad vascular se correlacionaba con un aumento en los niveles de VEGF
a nivel de seno coronario en los animales tratados.
Respecto a los posibles mediadores de este proceso neoangiogénico,
parece que además del VEGF que ya hemos comentado, pueden intervenir metaloproteinasas
de matriz, el factor de crecimiento endotelial derivado de las plaquetas
según describió Li, la procalcitonina y distintas células como los neutrófilos
(11).
Revascularización mecánica
El crecimiento vascular observado en numerosos estudios experimentales
con RTML, también se ha documentado al realizar canales miocárdicos con
otros medios. Inicialmente, en 1996, Whittaker (12)
comparó en ratas el efecto protector frente a la oclusión de una arteria
coronaria de canales realizados con láser frente a los realizados con
agujas. En este estudio, el tamaño del infarto fue menor en los grupos
de tratamiento (láser o agujas) que en los controles. No demostró
un aumento en la densidad vascular en la zona tratada, pero sirvió de
punto de partida hacia la idea de que probablemente el láser no era lo
más importante de este tratamiento, sino la injuria miocárdica y el posterior
proceso inflamatorio.
Más tarde distintos estudios han mostrado bien un aumento
en el crecimiento de nuevos vasos o bien de factores de crecimiento vascular
tras realizar canales miocárdicos con agujas, con taladros eléctricos
o con radiofrecuencia (13) siendo
la densidad de neovasos similar, independientemente del método utilizado
para hacer los canales.
Según se desprende de un estudio de Chu, que comparó la RTML
con la revascularización mecánica mediante canales realizados con agujas,
la respuesta neoangiogénica depende más bien del grado de inflamación
que del mecanismo empleado para hacer el canal, ya que el grupo con mayor
crecimiento vascular y mayores niveles de VEGF fue aquél en el que se
hicieron más canales.
Tras analizar tanto los resultados de la angiogénesis inducida
por RTML o por otros métodos que podemos llamar “mecánicos”, el
crecimiento de nuevos vasos no parece depender en exclusiva de la energía
láser sino más bien de una respuesta inespecífica propia de fenómenos
inflamatorios, que a través de la mediación de citokinas y factores de
crecimiento en el seno de un tejido de granulación originan un crecimiento
vascular aumentado, motivo que ayudaría a paliar la isquemia de los pacientes
tratados.
Angiogénesis terapeútica
utilizando factores de crecimiento
Los factores de crecimiento son polipéptidos que inducen
la proliferación de células endoteliales y musculares lisas vasculares.
No poseen características estructurales comunes, sino que se agrupan en
familias diferentes que comparten la propiedad de ejercer su acción inductora
in vivo e in vitro a bajas concentraciones (10-9-10-11M).
Estos factores se diferencian de los factores endocrinos clásicos (hormonas)
en que son sintetizados por múltiples tipos celulares y tejidos, no
en glándulas especializadas, y en que su acción es local, autocrina o
paracrina.
El proceso de estimulación celular por parte del factor de
crecimiento comienza con la unión de éstos a sus receptores, iniciando
una cascada de señales que llega al núcleo celular y modula la función
de enzimas y proteínas estructurales. La mayor parte de los factores de
crecimiento son reguladores positivos del ciclo celular, estimulando la
proliferación y migración e inhibiendo la apoptosis (Tabla
3).
Como ya hemos visto, existen múltiples factores de crecimiento
vascular, pero inicialmente los que más se han utilizado para la angiogénesis
terapeútica son el FGF y el VEGF. Ambos factores de crecimiento se han
estudiado como tratamiento en modelos de isquemia miocárdica, utilizando
diferentes vías de administración (intracoronaria, intramiocárdica,
intrapericárdica, intravenosa o sistémica).
| FUNCIÓN CELULAR |
PDGF
|
TGF-b
|
FGF-2
|
VEGF
|
|
| Proliferación de células musculares
lisas |
+
|
±
|
+
|
|
| Migración de células musculares lisas |
+
|
|
+
|
|
| Proliferación de células endoteliales |
|
±
|
+
|
+
|
| Migración de células endoteliales |
+
|
|
+
|
+
|
| Producción de matriz extracelular |
|
+
|
|
|
Tabla 3.
Participación de algunos factores en diferentes aspectos
de la biología vascular.
|
Tratamiento con FGF
El primer autor que investigó la acción
del FGF-2 exógeno sobre la angiogénesis fue Yanagisawa en 1992, al observar
que en inyección intracoronaria disminuía el tamaño del infarto, mejoraba
la función sistólica y aumentaba el número de capilares. Posteriormente
Battler, Lazarous, Landau, Uchida, Watanabe y otros, con diferentes modelos
experimentales de isquemia crónica, aguda o infarto y diferentes técnicas
de administración observaron que el FGF producía mejoría de la perfusión
y función miocárdicas secundarias a un incremento de la densidad neovascular
(14).
En cuanto a su aplicación clínica, el primero de estos estudios
fue el publicado por Schumacher, en 20 pacientes con enfermedad coronaria
difusa, a quienes se les realizó cirugía de revascularización coronaria,
y se inyectó FGF-1 a nivel intramiocárdico próximo a las anastomosis realizadas.
Como control se utilizó un grupo similar de pacientes sin inyección de
dicho factor. En el seguimiento al año de dichos pacientes se objetivó
por angiografía un aumento de la formación de nuevos vasos próximos a
la zona de inyección del factor de crecimiento, no observándose dicho
efecto en el grupo control. No obstante no mejoró la función ventricular
ni la perfusión miocárdica.
El grupo de trabajo en angiogénesis del Beth Israel (Boston,
USA) publicó un estudio preliminar con resultados esperanzadores.
En un grupo de ocho pacientes con enfermedad multivaso y algún territorio
no revascularizable, se les realizó un puente aorto-coronario a aquellas
arterias de buen calibre, y se administró en la grasa epicárdica de los
territorios no revascularizables y alrededor de los puentes, cápsulas
de liberación sostenida que contenían entre 1 y 10 µg de FGF-b. Observó
una mejoría clara en la perfusión miocárdica con técnicas isotópicas en
tres de los ocho pacientes, mientras que en otros tres la mejoría fue
menos evidente (todo esto en los territorios no susceptibles de pontaje,
en los que se inyectó FGF-b). Los ocho pacientes permanecieron libres
de angina a los tres meses. No se observó toxicidad renal, ni hematológica,
ni hepática en ningún paciente. Un año después publicaron una serie más
extensa con 24 pacientes randomizados a 10, 100 µg de FGF-2 o placebo.
Se les realizaron estudios de perfusión y RNM basales y a los 90 días.
Fallecieron dos pacientes durante la cirugía. A los 90 días todos los
pacientes del grupo de mayor dosis permanecían sin angina, mientras que
tres de los controles continuaban sintomáticos. Además los defectos de
perfusión mejoraron claramente, mientras que no fue así en el grupo de
dosis baja ni en los controles.
Más recientemente, Udelson utilizó FGF 2 por vía intracoronaria
(en 45 pacientes) e intravenosa (en 14 pacientes) con isquemia
reversible y no tratable con los procedimientos habituales. Observaron
una mejoría evidente en la perfusión miocárdica determinada con SPECT,
que se mantenía 180 días tras el procedimiento.
El mayor estudio fase II con FGF es el FIRST trial. Compara
tres dosis (0,3-3-30 µg/kg de FGF 2) por vía intracoronaria vs. placebo
en 337 pacientes. A los 90 días no se apreciaba mejoría significativa
en la prueba de esfuerzo ni en los estudios de perfusión con estrés. En
cambio, eran significativas las mejoras en el grado de angina y el tamaño
de los defectos de perfusión basal (sin estrés) de los pacientes
tratados. En un subestudio, que tenía en cuenta únicamente a los pacientes
más sintomáticos y con mayor isquemia, todos los parámetros mejoraron
de forma significativa.
Tratamiento con VEGF
El VEGF, o factor de permeabilidad vascular (VPF),
es un factor específico del endotelio que interviene tanto en la angiogénesis
adaptativa como en la patológica. Fue descubierto a comienzos de los ‘80
por Dvorak como un factor que aumentaba la permeabilidad vascular. Años
después se demostró que estimulaba la migración y replicación de las células
endoteliales, siendo un factor angiogénico in vivo.
En varios modelos animales de isquemia miocárdica aguda y
crónica se ha observado que la administración de VEGF produce un incremento
del número de neovasos, aumento de la perfusión tisular y mejoría de la
función ventricular. En cuanto a la forma de aplicar el VEGF, es más eficaz
la infusión intracoronaria o inyección intramiocárdica que la infusión
sistémica intravenosa.
En cuanto a su aplicación clínica, destaca el estudio VIVA, randomizado,
controlado y doble ciego, fase II, en 178 pacientes sin opción de revascularización
convencional, a los que se les administraban 2 dosis diferentes de VEGF,
primero una por vía intracoronaria, seguidas de tres dosis intravenosas
en la siguiente semana. Este estudio resultó negativo en cuanto al tiempo
de ejercicio, mejoría clínica o imágenes de perfusión a los 60 días de
seguimiento. A los 120 días, existían diferencias significativas en cuanto
al grado anginoso en el grupo de mayor dosis respecto al control y grupo
de dosis menor. No obstante, este estudio ha sido muy criticado por el
modo de administración de la proteína (primero intracoronario y posteriormente
tres dosis intravenosas) y por el alto número de pacientes en clase
II randomizados.
Otros factores de crecimiento vascular
El factor de crecimiento derivado de plaquetas (PDGF)
es una molécula producida por megacariocitos y plaquetas que se libera
durante el proceso de coagulación y actúa a través de receptores de tipo
tirosina-quinasa induciendo angiogénesis. Se localiza también en placenta,
macrófagos, células musculares lisas, células del sistema nervioso central,
endotelio y varios tipos tumorales. El PDGF-BB ha mostrado su efecto estimulador
de la angiogénesis a nivel experimental, que parece estar mediado por
un aumento en la síntesis endógena de VEGF.
El factor plasmático XIII estabiliza los trombos de fibrina
en los estadios finales de la coagulación y participa en los procesos
de cicatrización. Recientemente, Dardik demostró que además ejerce una
acción proangiogénica, estimulando proliferación y migración de células
endoteliales e inhibición de la apoptosis.
Otro mediador que recientemente se ha utilizado para estimular
la angiogénesis es el TWEAK, miembro de la superfamilia del factor de
necrosis tumoral. El TWEAK ejerce acciones proangiogénicas directas, estimula
el crecimiento y migración de células endoteliales e indirectas, incrementa
la actividad mitótica del FGF-2 y VEGF-A.
Angiogénesis terapeútica mediante terapia
génica
La terapia génica asociada a factores de crecimiento
consiste en introducir la cadena genética de un factor de crecimiento
angiogénico (VEGF, FGF, HGF...) a una determinada célula utilizando un
“vector” (virus o plásmidos) para que esta célula inicie
la síntesis de esta proteína (15).
Vectores utilizados en angiogénesis terapeútica y
modo de aplicación
En angiogénesis terapeútica cardiovascular, un alto porcentaje
de trabajos publicados han utilizado vectores no virales (liposomas
o plásmidos de DNA), lo cual contrasta con la dominancia de los vectores
víricos (adenovirus, virus adeno-asociados, retrovirus y lentivirus)
que se han utilizado en patologías no cardíacas
(15). En general, los vectores virales producen transfecciones
más estables, que duran aproximadamente 2-3 semanas. No obstante, la efectividad
alcanzada con vectores no virales en angiogénesis terapeútica puede ser
explicada por el hecho que estamos intentando aumentar la síntesis de
una molécula que al menos parte de las células diana (células endoteliales),
se sintetizan de forma natural y con la condición de células multinucleadas
de las células musculares lisas, con lo que la transfección génica tiene
varios destinos por célula transfectada (15).
Existen varias vías para administrar los vectores: punciones intramiocárdicas,
ya sean mediante toracotomía o con catéter percutáneo, intracoronaria
y pericárdica. La más utilizada y con buenos resultados ha sido mediante
punción intramiocárdica (16-17) incluso
sin necesidad de toracotomía, utilizando técnicas percutáneas mediante
inyección a través de catéteres dotados de una aguja. También ha resultado
eficaz la aplicación intracoronaria de un adenovirus expresante de FGF-5
y a nivel clínico de un adenovirus expresante de VEGF-165. No obstante,
al comparar la vía intracoronaria frente a la inyección intramiocárdica
para aplicar un adenovirus expresante de VEGF121, Lee observó mejores
resultados en cuanto a la distribución del adenovirus, niveles tisulares
de VEGF121, e índice de colaterales determinado por angiografía con la
inyección intramiocárdica. La aplicación de un adenovirus codificador
de VEGF165 en el pericardio de un modelo canino no incrementó el flujo
colateral.
Terapia génica con FGF
En terapia génica, el uso del FGF ha sido minoritario. Inicialmente,
Giordano en un modelo porcino de isquemia crónica consiguió con terapia
génica mediada por adenovirus expresante de FGF5, y administrado por vía
coronaria, un aumento significativo en el número de neovasos en todo el
miocardio (tanto isquémico como no). En cuanto a su aplicación
clínica, destaca un estudio randomizado, AGENT, realizado con un adenovirus
expresante de FGF-4, y administrado por vía intracoronaria, que ha demostrado
recientemente la seguridad (ausencia de angiomas, miocarditis, retinopatías
o neovascularización corneal) de esta forma de administración así
como su eficacia en disminuir la angina y mejorar la tolerancia al esfuerzo
físico en aquellos pacientes que antes del tratamiento estaban en peor
grado funcional (aquellos en que antes del tratamiento el tiempo de
ejercicio era menor de 10 min.). En el resto de pacientes no se observaron
diferencias significativas en el grado anginoso ni en la tolerancia al
esfuerzo.
Terapia génica con VEGF
Diversos estudios experimentales han mostrado la
eficacia angiogénica de las distintas isoformas del VEGF. Nosotros, utilizando
un adenovirus expresante de VEGF-165 en un modelo porcino de isquemia
miocárdica crónica, objetivamos una densidad vascular 6 veces mayor en
los territorios tratados frente a los controles (18).
El primer trabajo clínico que utilizó la angiogénesis
terapeútica mediante terapia génica en el campo cardiovascular es el firmado
por Baumgartner en el que aplicó a nivel intramuscular un plásmido codificador
de VEGF a pacientes con enfermedad vascular periférica e indicación de
amputación. Observaron un aumento en los niveles plasmáticos de VEGF,
una mejoría clínica (en las úlceras isquémicas y en la necesidad de
amputación) y un mayor desarrollo de vasos colaterales por angiografía.
El uso de esta técnica a nivel miocárdico como tratamiento de la angina
refractaria fue posterior. Losordo aplicó mediante inyección intramiocárdica
un plásmido de DNA codificador de VEGF165, en el territorio isquémico
de cinco pacientes, en los que se observó una disminución del grado anginoso.
La fracción de eyección mejoró en dos (permaneciendo igual en los otros
tres). En cuanto a la perfusión miocárdica, se determinó con SPECT,
mostrando en todos ellos una disminución de la isquemia. Un año después,
publicaron una nueva serie clínica con 20 pacientes, con resultados similares.
También objetivaron una mejoría en la perfusión, y en el seguimiento a
180 días, el 70% de los pacientes permanecían sin angina. Un segundo estudio
fase I utilizó un adenovirus E1-E3- expresante de VEGF121 en 21 pacientes,
de los cuales a 15 se les realizó conjuntamente injerto aorto-coronario,
y a 6 la inyección del Adv. VEGF121 de modo aislado. No se apreciaron
efectos tóxicos por el adenovirus. En cuanto a los resultados, se destacó
una mejoría en el grado anginoso de todos los pacientes. Además, en la
mayoría de los enfermos tratados, los estudios angiográficos demostraron
un incremento del número de colaterales en los territorios donde se aplicó
el VEGF. De forma aislada, en 4/6 pacientes del grupo sin bypass se
observó una mejoría de la perfusión con Tc-sestamibi en las zonas tratadas.
Recientemente se ha publicado el seguimiento al año de pacientes con angina
refractaria que fueron tratados mediante toracotomía e inyección miocárdica
de un plásmido expresante de VEGF-2, que muestra una leve mejoría clínica
en el seguimiento.
Vale publicó el primer estudio randomizado con terapia génica
y VEGF, aunque solo incluyó a 6 pacientes. Aplicaron el vector a nivel
intramiocárdico de forma percutánea. No observaron efectos adversos, y
los pacientes tratados con VEGF presentaron mejoría clínica respecto a
los tratados con inyección de placebo. Más recientemente, se ha publicado
el estudio KAT que incluye 103 pacientes, los que, a continuación de implantarles
un stent coronario, se randomizaban a terapia génica con adenovirus-VEGF,
plásmido-VEGF o placebo, mediante infusión intracoronaria. A los 6 meses
de seguimiento no se objetivaron efectos adversos ni restenosis en los
grupos de tratamiento. Además el grupo tratado con adv-VEGF presentó una
mejoría significativa en la perfusión miocárdica al compararlo con los
otros dos grupos.
Otros factores de crecimiento angiogénico utilizados con terapia génica
A nivel experimental, el factor inducible por la isquemia
1a (HIF 1a) transfectado
con un plásmido ha demostrado estimular al gen regulador de la síntesis
del VEGF y la angiogénesis. En el momento actual se está realizando un
estudio clínico con este factor, que todavía no ha sido publicado (15).
El factor de crecimiento hepatocitario (HGF) transfectado utilizando
un adenovirus ha demostrado a nivel experimental, no sólo estimular la
angiogénesis en zonas isquémicas, sino que además ha evitado la apoptosis,
adelgazamiento de las paredes necróticas, dilatación de cavidades y disfunción
sistólica tras infarto de miocardio.
Un nuevo enfoque en angiogénesis terapéutica con terapia
génica puede constituirlo un estudio recientemente publicado que ha mostrado
el efecto proangiogénico logrado al transfectar la cadena genética de
la eNOS (óxido nítrico sintasa) utilizando un plásmido en ratas.
En este trabajo se observó un aumento del óxido nítrico, acompañado de
un aumento de VEGF y neovasos en los animales transfectados.
Efectos indeseados de la terapia génica con factores de crecimiento
Los efectos deletéreos a nivel sistémico que se han
asociado al VEGF son la presencia de hipotensión mediada por la liberación
de óxido nítrico. Este efecto adverso normalmente se ha relacionado con
su aplicación sistémica en forma de proteína.
Respecto a los efectos deletéreos vasculares, especialmente
de la terapia génica con VEGF, destaca la formación de angiomas vasculares.
Schwarz en un trabajo en el que pretendían evaluar el efecto angiogénico
del VEGF 165 expresado a través de un plásmido y aplicado mediante inyecciones
en ratas con un infarto, observó que los animales randomizados al tratamiento
activo tenían una mayor mortalidad precoz y en el estudio histológico
presentaban estructuras angiomatosas a nivel epicárdico, que eran fácilmente
identificables macroscópicamente en las zonas donde se había aplicado
el factor. Resultados similares en cuanto a la formación de estructuras
angiomatosas se han encontrado al aplicar mioblastos transfectados genéticamente
con un adenovirus expresante de VEGF en el corazón no isquémico de ratas.
Nosotros, en un estudio comentado previamente, también observamos estructuras
angiomatosas a nivel microscópico y que afectaban a una pequeña proporción
del ventrículo (18).
Otro posible efecto deletéreo es la aceleración de la aterogénesis.
La estimulación de la angiogénesis se asocia a un incremento de la formación
de neoíntima, que puede acelerar el proceso aterogénico, pero además la
formación de vasa vasorum en la pared vascular puede llevar a rotura de
la placa, trombosis añadida e infarto de miocardio.
Angiogénesis terapeútica mediante el trasplante de células madre
La aplicación de células madre (stem cells) adultas
para la angiogénesis terapeútica parte del hallazgo de Ashara que confirmó
la existencia de células progenitoras endoteliales (endothelial progenitor
cells, EPC), derivadas de la médula ósea, circulantes por la sangre
periférica y responsables de la vasculogénesis en adultos, es decir, que
las células madre son responsables de la formación de nuevos vasos en
la edad adulta. Este mismo grupo describió posteriormente cómo la isquemia,
citokinas, o el VEGF aumentan la movilización de las EPCs desde la médula
ósea y a su vez la formación de nuevos vasos con estas células. También
se ha conseguido obtener células endoteliales a partir de células madre
embrionarias utilizando anticuerpos frente al PECAM-1 (platelet endothelial
cell-adhesion molecule-1), aunque dadas la implicaciones éticas así
como dificultades técnicas e inmunológicas, su aplicación para la angiogénesis
terapeútica sería menor.
A nivel experimental, diversos grupos celulares han mostrado
su utilidad para la angiogénesis terapeútica
(19). La implantación de células mononucleares de la médula
ósea en un miocardio isquémico ha demostrado aumentar la perfusión por
colaterales, la contractilidad segmentaria y la densidad de neovasos en
el miocardio tratado. Este efecto angiogénico puede atribuirse a la capacidad
de estas células para secretar sustancias angiogénicas (VEGF, FGF,
angiopoyetina-1) y citokinas (MCP-1, IL-1b,
TNF-a), así como a su capacidad de incorporarse
a los neovasos. También, la implantación en un miocardio isquémico de
células mononucleares aisladas en sangre periférica ha mostrado aumentar
la neovascularización, aunque de forma menos eficaz que las células mononucleares
de la médula ósea. Una subpoblación de las células mononucleares de médula
ósea son las células madre mesenquimales, que se aíslan y multiplican
a partir de médula ósea utilizando técnicas de selección y cultivo celular.
Éstas también han demostrado, al inyectarlas en miocardio infartado, mejorar
la función sistólica y aumentar la densidad vascular. Otro tipo celular
son las EPCs, cuya aplicación a nivel sistémico (mediante inyección
endovenosa) tras expandirlas en cultivo, ha demostrado anidar en el
miocardio isquémico, mejorar la función sistólica y estimular la angiogénesis.
Los estudios clínicos con células madre publicados actualmente
tienen como objetivo primario valorar la seguridad del tratamiento y estudiar
el efecto de éstas sobre la función y diámetros ventriculares. Además,
alguno de estos estudios han objetivado una mejoría en la perfusión miocárdica
que apunta hacia el efecto proangiogénico de este tratamiento. Tse implantó
en endocardio, por vía percutánea, células mononucleares de médula ósea
a 8 pacientes con enfermedad isquémica severa. En el seguimiento a los
3 meses, no se detectaron efectos adversos y se objetivó una mejoría clínica
y de la perfusión miocárdica en el territorio tratado. El estudio TOPCARE-AMI,
evalúa el efecto de células EPCs circulantes y células de médula ósea
infundidas por vía intracoronaria, y demostró una mejoría de la perfusión
en las zonas tratados.
CONCLUSIONES
El desarrollo de nuevos tratamientos encaminados
a aumentar el aporte sanguíneo del corazón isquémico continúa siendo un
reto para los investigadores en el campo cardiovascular. Inicialmente,
la RTML, por medio de un proceso inflamatorio, conseguía estimular la
síntesis de neovasos. Posteriormente, la aplicación de factores de crecimiento,
de forma más directa, lograba el objetivo de aumentar la densidad vascular.
La aplicación de la terapia génica, nos ha permitido mantener la síntesis
endógena de un factor de crecimiento durante un periodo de tiempo, lo
que se ha trasladado en excelentes respuestas angiogénicas en los territorios
tratados, tanto es así que en algún caso llegaron a formarse angiomas,
lo que nos obliga a ser cautos, especialmente con vectores que originan
transfecciones duraderas. Por último, el trasplante celular nos ha permitido
implantar directamente las células que formarán los nuevos vasos en el
territorio isquémico, lo cual a priori, es muy alentador. En la
actualidad, parece que el futuro pueda estar en desarrollar sustancias
(como el factor 1 derivado de las células estromales) que ayuden
a generar mayor número de estas células madre por el propio organismo
y facilitar que encuentren su camino hasta el miocardio isquémico o necrótico.
De cualquier forma, como dice la canción, y parafrasea el editor de Circulation,
James T. Willerson, en un reciente artículo (19)
“the future's so bright, [we've] gotta wear shades!”
(¡el futuro es tan brillante, que deberíamos llevar gafas de sol!)
(20-21).
.
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