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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA CARDIOVASCULAR
Vol. I - N° 2 / Diciembre - Enero - Febrero 2003/2004

ARTÍCULO ESPECIAL
FILOSOFÍA DE LA MEDICINA O FILOSOFÍA DE LA BIOÉTICA
MÉDICA
Autor
Lugo Elena*
Recibido: 29.09.2003
Aceptado: 06.11.2003
Correspondencia: Prof. Dra. Elena Lugo
Nuevo
Schoenstatt
Misiones
2501, Florencio Varela, Buenos Aires, Argentina
Teléfono (54 11) 4237 1128
De
Octubre a Enero: Postal Box 744 Cabo Rojo;
Puerto Rico 00623
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Fax:
(1 787) 851 5311
E-Mail
elenalugo@netizen.com.ar
* Consultant for the Center for Ethics in the Professions at the University
of Puerto Rico.
Clinical Ethicist in Residence- Conception Hospital, San German,
Puerto Rico.
Director - Comision de bioética Padre José Kentenich (Incorporated
into the Federation od bioethics institutes uit a personalis tic orientation
Vatican).
Member of the Secular Institute of the Schoenstatt Sisters of Mary.
RESUMEN
El posmodernismo cultural
duda de la capacidad humana para conocer las verdades fundamentales. La
filosofía, para él, difícilmente desempeñe un papel en asuntos importantes
para la existencia humana, pero, sí lo desempeñan las profesiones de la
salud.
“La medicina ocupa un lugar central: es una ciencia
sólida e independiente, rica en teorías y logros prácticos. Segura
de sí, promete diagnósticos y terapias novedosas...”
La medicina duda de la filosofía, si ésta se presenta insegura,
ambigua en su papel.
El análisis nos revela: la medicina necesita complemento,
autorreflexión.
Presenta componentes: un sistema de conocimientos (ciencias
naturales básicas y clínicas); destrezas (técnicas y procedimientos);
instituciones sociales; investigación; actividades interpersonales con
pacientes y sus enfermedades.
Es necesario mantener en equilibrio todos estos elementos.
Una medicina nueva sin valores renovados que correspondan
a sus posibilidades científico-técnicas, reduce al paciente a un objeto
de interés diagnóstico e intervención técnica.
Objetivos planteados:
1. Prevención de la enfermedad y daños. Promoción, mantenimiento
de la salud.
2. Alivio del sufrimiento. Control del dolor.
3. Curación en lo posible - cuidando siempre, en particular
a los incurables.
4. Prevención de la enfermedad prematura - facilitación de
la muerte pacífica, no eutanasia.
La medicina será:
1. Honorable, autónoma y responsable en dirigir su propia actividad.
2. Moderada, prudente en el uso de la ciencia y de
la técnica.
3. Justa, equitativa en la distribución de sus recursos.
4. Respetuosa de la dignidad y libertad humanas.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2003; 2:151-157)
Palabras clave
Bioética médica - Control del dolor - Paciente - Prevención de la enfermedad
- Eutanasia
RESUMO
FILOSOFIA DA MEDICINA OU FILOSOFIA DA BIOÉTICA MÉDICA
O pós-modernismo cultural duvida da capacidade humana para conhecer
as verdades fundamentais. A filosofia, para ele, dificilmente excerça
um papel em assuntos importantes para a existência humana, mas o excercem
as profissões da saúde.
“A medicina ocupa um lugar central: é uma ciência
sólida e independente, rica em teorias e logros práticos. Segura
de si, promete diagnósticos e terapias inovadoras...”
A medicina duvida da filosofia, se esta se apresenta
insegura, ambígua em sua função.
A análise nos revela: a medicina necessita complemento,
auto-reflexão: Apresenta componentes: um sistema de conhecimentos (ciências
naturais básicas e clínicas); destrezas (técnicas e procedimentos);
instituições sociais; investigação; atividades interpessoais com pacientes
e suas doenças.
É necessário manter em equilíbrio todos estes elementos.
Uma medicina nova sem valores renovados que correspondam
às suas possibilidades científico-técnicas, reduz ao paciente a um
objeto de interesse, diagnóstico e intervenção técnica.
Objetivos traçados:
1. Prevenção de doenças e danos. Promoção, manutenção da
saúde.
2. Alívio do sofrimento. Controle da dor.
3. Restabelecer a saúde, se possível - cuidando sempre, em
forma particular aos incuráveis.
4. Prevenção de doença prematura - facilitação da morte pacífica,
NÃO EUTANÁSIA.
A medicina será:
1. Honorável, autônoma e responsável em encaminhar
sua própria atividade.
2. Moderado, prudente no uso da ciência e da técnica.
3. Justa, equânime na distribuição dos seus recursos.
4. Respeitosa da dignidade e liberdade humanas.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2003; 2:151-157)
Palavras chave
Bioética Médica - Controle da dor - Pacientes - Prevenção da doença -
Eutanásia
SUMMARY
PHILOSOPHY ON MEDICINE OR PHILOSOPHY ON MEDICAL BIOETICS
The cultural posmodernism disbelieves in human capacity
to comprehend the fundamental truths. For this system, philosophy hardly
plays a role in vital aspects for human existence. There´s no doubt, however,
that the professions related with human health do play a very important
role.
“Medicine sits on a central point: it is a solid and
independent science with plenty of theories and practical achievements.
Self assured, offers diagnosis and new therapies...”
Medicine doubts about philosophy, whenever this presents
itself as insecure, ambiguous in its role.
Analizing will reveal: that the medicine does need a complement,
self reflection: components shown: systemized knowledges (basic and
clinical natural sciences); skills (technics and procedures);
social institutions; research; interpersonal activities with the patients
and their diseases.
It is a must to keep all these elements balanced.
A new medicine without renewed values matched to science
and technics possibilities diminishes the patient to a mere object
for diagnosis interest and technical intervention.
Outlined goals:
1. Disease and damages prevention. Health promotion
and preservation.
2.
Suffering relief. Pain control.
3. To heal whenever possible - caring always, specially to
incurable patients.
4. Premature illness prevention - easing of pacific death,
NO EUTHANASIA.
Medicine will be:
1. Honourable, autonomous and responsible for managing
its own activity.
2. Moderate, prudent using science and technical facilities.
3. Just, equitative in resources distribution
4. Respectful of human dignity and freedom.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2003; 2:151-157)
Key words
Medical Bioetics - Pain Control - Disease prevention - Euthanasia
INTRODUCCIÓN
A
primera vista, podría parecernos que la filosofía y la medicina tienen
muy poco o nada que ver entre sí. El posmodernismo cultural, tan difundido
actualmente, duda de la capacidad humana para conocer las verdades fundamentales.
Así pues, las interpretaciones que nos ofrece de tales verdades no se
basan en la realidad objetiva, sino que están sujetas a las influencias
del momento histórico, del contexto social y de las exigencias humanas.
Junto con otras influencias culturales, el posmodernismo
considera a la filosofía una actividad en crisis; una actividad que difícilmente
desempeñe un papel en los asuntos de importancia para la existencia humana,
como sí, en cambio, lo desempeñan otras como las profesiones de la salud.
Y entre éstas, la medicina ocupa un lugar central.
En contraste con la filosofía, la medicina se presenta como
una ciencia sólida e independiente, rica en teorías y logros prácticos.
Se desarrolló segura de sí y promete diagnósticos y terapias novedosas.
Por todo ello la medicina difícilmente se interesaría (y menos aún
necesitaría) por la filosofía, máxime si ésta se presenta insegura
y ambigua en su papel.
Sin embargo, el análisis que trasciende la primera impresión
nos revela que la medicina necesita complemento, necesita autorreflexión.
Al mismo tiempo advertimos corrientes o métodos filosóficos que revitalizan
la misión cultural tradicional de la filosofía.
Podemos decir que la medicina presenta componentes tales
como un sistema de conocimientos (ciencias naturales básicas y ciencias
clínicas), destrezas (técnicas y procedimientos), instituciones
sociales, investigación y actividades interpersonales con pacientes y
sus enfermedades. No ha sido fácil mantener en equilibrio todos estos
elementos. Por ejemplo, cuando la medicina se concentra en las ciencias
biológicas (biología molecular, genética), puede caer en una reducción
de la persona a su enfermedad, y ésta, a su sintomatología. A su vez,
el énfasis en la técnica puede llevar a una mayor intervención, o inclusive
a una preferencia por lo artificial, como ya ocurre en la procreación
médicamente asistida (inseminación artificial, fecundación in vitro,
manipulación de embriones humanos), y en la asistencia para el suicidio.
La medicina puede asimismo mezclarse negativamente con la economía y el
control de costos, poniendo en riesgo la relación personal entre médico
y paciente.
En resumen, una medicina nueva, sin un sistema de valores
renovados que correspondan a sus posibilidades científicas y técnicas,
puede reducir al paciente a un objeto de interés diagnóstico y de intervención
técnica. Así pues el paciente, al igual que el médico, se hace dependiente
de una sola racionalidad: la científico-técnica.
Hoy, en el comienzo del siglo XXI, podemos intentar una definición
de los objetivos de la medicina para comprender su necesidad de un saber
de racionalidad humanística. Para ello puede ayudarnos un trabajo realizado
por el prestigioso Hastings Center. Según este importante centro
de bioética norteamericano, la medicina se plantea actualmente los siguientes
objetivos:
1. Prevención de la enfermedad y de los daños, al igual que
promoción y mantenimiento de la salud.
2. Alivio del sufrimiento y control del dolor.
3. Curación en lo posible y cuidando siempre, en particular
a los incurables.
4. Prevención de la enfermedad prematura y facilitación de
la muerte pacífica, lo cual no significa eutanasia.
Para
alcanzar mejor estos objetivos, el mismo estudio recomienda que la medicina
sea:
1. Honorable, autónoma y responsable en dirigir su propia
actividad.
2. Moderada y prudente en su uso de la ciencia y de la técnica.
3. Justa y equitativa en la distribución de sus recursos.
4. Respetuosa de la dignidad y libertad humanas.
Retomemos
ahora nuestro interrogante inicial sobre la filosofía y la medicina. En
virtud de los objetivos de la medicina de cara al próximo milenio, de
las recomendaciones planteadas y de los desafíos que señalamos para la
medicina científico-técnica, nos preguntamos de qué modo la filosofía
puede pasar a ser dicha racionalidad humanística que necesita la medicina
actual.
Según su tradición, el pensamiento filosófico ofrece cuatro
funciones distintivas:
1. Esclarecimiento o definición rigurosa de los conceptos
que suponga cualquier disciplina intelectual o práctica que admita reflexión.
2. Ordenación de los argumentos según normas de inferencia
lógica.
3. Evaluación de las implicancias de una posición o decisión.
4. Intento de establecer, mediante la explicación y justificación
racionales, el fundamento real de nuestras ideas o conceptos.
Muy a pesar del posmodernismo, la filosofía, particularmente por medio
de métodos contemporáneos de análisis (como la fenomenología, que describe
e interpreta cada experiencia) se ha hecho capaz de percibir una mayor
variedad de realidades. Gracias a perspectivas que prestan atención particular
a la persona individual en su sentir, decidir y pensar (sin menospreciar
lo emotivo), la filosofía se acerca a temas de la medicina (como
el dolor, el sufrimiento y la muerte) y a los aspectos morales de
su ejercicio.
Tampoco podemos perder de vista los estudios del lenguaje
y de sus funciones en el contexto histórico y cultural, lo cual amplía
la función esclarecedora de la filosofía ante los conceptos.
Intentaremos formular una síntesis cultural entre medicina
y filosofía, en consonancia con las exigencias de la experiencia clínica
actual y de las posibilidades de una filosofía de orientación personalista.
Pero hagamos primero una revisión histórica sumamente breve de cuatro
modalidades de esa relación:
1. filosofía y medicina;
2. filosofía en la medicina;
3. filosofía médica;
4. filosofía de la medicina.
Destacaremos
una versión contemporánea que nos parece prometedora de una síntesis que
la medicina necesita urgentemente.
BREVÍSIMO PANORAMA HISTÓRICO
1. Filosofía y medicina
Desde la Antigüedad grecorromana, el ser humano
percibió la necesidad de una visión global que integrase y ordenase la
complejidad de su vida e intentase dirigir sus múltiples acciones. La
filosofía, al igual que la medicina, se preocupó por estudiar temas de
interés humano tales como la vida, la enfermedad, el sufrimiento, la contingencia,
las limitaciones, el morir y la muerte. Es decir, tanto la filosofía como
la medicina estudiaron temas similares, cada cual con su método específico.
Pero precisamente se han mantenido separadas por operar con métodos distintos:
la medicina se hacía empírica y experimental, mientras que la filosofía
se mantenía especulativa y abstracta.
Aunque las dos ciencias dialogan manteniéndose independientes
la una de la otra, ambas contribuyen a comprender al ser humano en su
corporeidad como objeto, y también en su pensar y decidir como sujeto
de experiencias. Más recientemente, la filosofía ha servido de explicación
y justificación de teorías éticas (principalismo, casuística, virtudes)
aplicadas en el análisis y resolución de dilemas morales en la práctica
médica. La filosofía ha examinado, desde una perspectiva independiente
y crítica, los beneficios y riesgos de los cambios en la medicina y los
dilemas que esto plantea a la comunidad humana. Es decir, la teoría y
la práctica médica han sido y serán objeto de estudio de la investigación
filosófica, con fines o preocupaciones marcadamente filosóficos. Esta
es la visión más tradicional de la relación filosofía-medicina.
2. Filosofía en la medicina
Esta modalidad de la relación consiste sobre todo
en tomar en cuenta las ramas principales de la filosofía, aplicándolas
con su método (e incluso con su contenido) a áreas correspondientes
de la medicina.
Por ejemplo, si tomamos la metafísica (o, como mejor la
entendemos hoy, la ontología) en cuanto examen de la estructura y
dinámica de la realidad, podemos estudiar, entre otros, los siguientes
temas: la naturaleza de la enfermedad, el sentido de la salud y su vinculación
esencial al ser persona.
Si tomamos la epistemología (o estudio de la naturaleza
y funciones del conocer), podríamos analizar críticamente el juicio
clínico, la cuestión de la certeza o probabilidad del pronóstico, lo que
se denomina evidencia en la medicina, y las reglas intelectuales de la
investigación clínica.
Las normas de la lógica regulan asimismo los tipos de racionalidad
(intuición, inferencia inductiva o deductiva) inherentes al quehacer
clínico y a la investigación.
La ética filosófica sirve de marco teórico para las
modalidades de la ética médica conocidas en las décadas inmediatamente
anteriores al surgimiento de la bioética (1970) como estudio interdisciplinario.
Estudios filosóficos de la fundamentación científica de la
medicina, al igual que interpretaciones de su ubicación cultural, podrían
incluirse en esta modalidad de la relación entre filosofía y medicina.
También podría hacerse lo mismo con la argumentación a favor de los cuatro
principios de la bioética (autonomía, beneficencia, no maleficencia
y justicia) atribuida al trabajo de Childress y Beauchamp en bioética.
Así se lograría una relación de mutuo beneficio: la medicina recibiría
un tipo de fundamentación filosófica, aunque un tanto externa e independiente,
y la filosofía mostraría su pertinencia a un área de gran interés cultural
y práctico.
3. Filosofía médica
Esta modalidad se define menos formalmente, pero
puede ser la más común entre los médicos. Se refiere a la reflexión informal
-y tal vez espontánea- que hacen los médicos luego de una larga
experiencia práctica, a raíz de alguna experiencia dolorosa e inclusive
traumática (por ej., ante el primer paciente que muere bajo su cuidado,
o en un caso de impericia). El filósofo-médico o el médico-filósofo
diseña un estilo personal de práctica que puede ser compartido y apreciado
por otros, sean o no médicos. La sabiduría práctica adquirida en la experiencia,
y la meditación personal en torno a la práctica clínica (expresada
en los trabajos de Osler, Peabody y Cabot), representan esta modalidad
de relación filosofía-medicina.
4. Filosofía de la medicina
Expondremos con más detalle esta modalidad por ser
la que nos promete una síntesis contemporánea de las dos disciplinas.
Está emparentada con ramas de la filosofía de la ciencia, filosofía
de la tecnología o filosofía de la historia. La similitud reside en
lo siguiente: las funciones de la filosofía, en tanto reflexión crítica
más allá del contenido y método de la disciplina bajo estudio, busca hacer
una fundamentación en la realidad del objeto enfocado u objetivado por
la disciplina específica.
No obstante, la filosofía de la medicina puede presentarse
como más amplia que la filosofía de la ciencia. Iremos precisando esta
idea gradualmente. En primer lugar, intentaremos una definición en general;
luego la explicaremos de modo que se comprenda que la filosofía de la
medicina es un área definida de estudio con una finalidad, diferente de
las ciencias básicas (naturales, sociales, humanísticas) que integran
la práctica médica.
Entendemos a la filosofía de la medicina como el estudio
reflexivo, crítico y sistemático de los conceptos y supuestos del encuentro
interpersonal entre el paciente y el médico, en un contexto comunitario
y social que es complejo y cambiante.
Dicho de una forma aún más rigurosa
para los filósofos, y siguiendo a Edmund Pellegrino, podemos decir que
la filosofía de la medicina es la reflexión crítica sobre el contenido,
método, conceptos y presupuestos particulares de la medicina en cuanto
ésta trasciende sus propios componentes (técnica, arte, comunicación
y aspectos éticos).
En torno de esta modalidad de la relación filosofía-medicina,
en primer lugar debemos destacar que su procedimiento analítico se centra
en la práctica clínica con su correspondiente finalidad: sanar, cuidar
y asistir al necesitado, con el objeto de restaurar su salud o atender
su condición de quebranto, sin abandonarlo jamás.
Toda otra consideración sobre las ciencias básicas u otras
reflexiones de carácter filosófico acerca de la persona, el cuerpo y el
alma, el dolor y el sufrimiento, se orientan a precisar y esclarecer la
intención fundamental de la práctica clínica en sí, es decir, sanar y
cuidar siempre, y curar si es posible. De acuerdo con la tradición de
Laín Entralgo, se busca fundamentar la actividad médica en su singularidad
y distinguir la interacción médico-paciente de toda otra relación humana.
En primer lugar podemos decir que se trata de una descripción
fenomenológica, de un estudio de la aparición de esa experiencia nueva
que define a una persona como paciente y a otra como experto al servicio
de ella. Es un encuentro entre una persona que experimenta un quebranto
o síntomas que lo debilitan e interrumpen su ritmo de vida (haciéndolo
vulnerable y ansioso), y otra persona que promete intervenir benevolentemente
y con evidente competencia y autoridad (socialmente reconocida) para
ayudarlo. Si antes del encuentro eran extraños, ahora se vinculan con
una relación de confianza.
En este contexto de interacción o intersubjetividad (dos
sujetos humanos colaborando dinámicamente para lograr la sanación),
surge a nivel existencial concreto la problemática ligada a cuestiones
como la salud, la enfermedad, el dolor y el sufrimiento. Del mismo modo,
también surgen temas de mayor amplitud filosófica como la causalidad y
la interdependencia de cuerpo y alma. Es decir, todos estos aspectos tienen
su punto de referencia original y su contexto de interpretación en el
encuentro individualizado de dos personas: una vulnerable, que se hace
dependiente y se ve forzada a confiar, y otra en situación de autoridad,
que promete un servicio benevolente y se esmera por ser digna de tal confianza.
Todo ello en un contexto de comunidad-familia, y con la presencia de instituciones
hospitalarias, sociales y estatales.
Considerando que la práctica clínica, en su sentido más profundo,
supone la virtud o el valor de la confianza, las implicaciones morales
y éticas resultan evidentes y ameritan una exposición apropiada.
La finalidad de la práctica médica es la búsqueda del bien
para el paciente concreto, lo cual supone también una ponderación de los
valores de la vida, de la salud y del bienestar en general. En consecuencia,
es necesario explicar y justificar los diversos sentidos del bien incluidos
en el principio de beneficencia.
Al mismo tiempo, la interacción personal entre el paciente
y el médico se basa en el respeto a la persona en su autonomía responsable,
lo cual nos conduce a exponer el principio de autonomía en su contexto
comunitario. Existe la posibilidad de que el médico, en su intención de
promover la salud, proteger la vida, prevenir y predecir la enfermedad,
pueda infligir dolor y sufrimiento al paciente. Este reto lleva al profesional
a estar alerta a las exigencias básicas del principio de no maleficencia.
Por otra parte, en la medida en que la práctica clínica no
puede ofrecer todo lo que los pacientes desearían, es preciso reflexionar
sobre las necesidades de aquél en un contexto comunitario y social, tal
como lo exige el principio de justicia.
Así pues, en la práctica clínica o encuentro interpersonal
entre el paciente y su médico surgen consideraciones éticas de bienes,
principios, deberes y derechos derivados. No podemos olvidar que la confianza
que cimienta la relación médico-paciente, y que a la vez anima el acto
clínico y conduce al juicio clínico (diagnóstico, terapia, pronóstico)
es frágil y difícil de fomentar y mantener. Por eso es necesario insistir
en que las virtudes deben ser componentes básicos de las consideraciones
de la práctica clínica. El médico virtuoso podrá, con mayor coherencia
y perseverancia, completar su juicio con la pregunta: ¿Qué es lo que
debo hacer, en mi calidad de persona buena, para sanar, aliviar y acompañar
al paciente?
Pasamos a exponer ahora nuestra síntesis de filosofía y medicina
como un intento de ofrecer una visión cultural integradora y orientadora
de la experiencia humana en lo que hace al cuidado de la salud. La
filosofía de la medicina señala cuál es la fundamentación real de la medicina
en la actividad o práctica clínica.
Esta práctica se define como encuentro interpersonal de un
ser humano debilitado, vulnerable y dependiente de otro para su bienestar
(el paciente), con otro dispuesto y capacitado para sanarlo, cuidarlo
y curarlo (el médico). Este encuentro interpersonal se refuerza
mediante la confianza, lo cual exige fidelidad recíproca entre el paciente
y el médico (relación fiduciaria).
Así pues la confianza intersubjetiva se presenta como condición
existencial que exige diseñar una ética clínica inherente a la práctica
clínica. Dicha ética se centra en las personas particulares pero responsables
de cumplir los principios que regulan la interacción y cultivar las virtudes
que fortalecen a los agentes de tal interacción.
La filosofía de la medicina presenta entonces la realidad
práctica sobre la cual descansa la ética clínica y por la cual se explica
y justifica.
La filosofía de la medicina demuestra que la práctica clínica
exige un modo de racionalidad o modo de conocimiento atento a la teoría
del saber científico. Se trata de una racionalidad que incluye lo intuitivo
del encuentro interpersonal y las inferencias, tanto inductivas (a
partir de la experiencia clínica), como deductivas (a través de
los conocimientos científicos). Una racionalidad que requiere destrezas
técnicas y desarrollo del arte de la comunicación, enraizados en la disponibilidad
y presencia personal del paciente y el médico. Esta filosofía de la medicina
resalta además el valor clínico de la afectividad como componente del
encuentro e interacción fiduciaria. También se deja complementar por consideraciones
teológicas en torno de la vida y muerte, y particularmente reconoce la
importancia de la religiosidad integrada a las virtudes del paciente y
del médico.
Para finalizar, y de cara a las exigencias del siglo que
comenzamos, les planteo el desafío de aplicar esta filosofía de la medicina
para fomentar una medicina responsable.
Esta nueva medicina debe ser:
1. Autónoma y noble en el diálogo intraprofesional.
Se complementa respetuosamente y es fiel a su compromiso
fundamental de promover la salud, aliviar el dolor y/o sanar, evitando
la industrialización y comercialización de sus servicios.
2. Moderada y prudente
En este sentido reconoce que:
el dolor se puede controlar pero no siempre eliminar;
el sufrimiento se puede aliviar pero no siempre explicar;
la muerte puede ser pospuesta pero no derrotada;
siempre debe cuidarse al paciente, aunque no sea posible
su curación;
el cuerpo es un instrumento o expresión del espíritu, y no
una máquina para manipular o perfeccionar técnicamente; y
debe procurarse una sabiduría para balancear la técnica y
la naturaleza.
3. Medicina económicamente viable
pero que:
no acepte que las técnicas empresariales y las leyes
del mercado tengan prioridad sobre el juicio clínico;
recuerde que la salud es un bien fundamental y no un mero
producto;
tenga en cuenta que la salud no es el único bien, y que su
cuidado debe ser administrado de modo efectivo, eficiente y democrático,
procurando acceso universal a sistemas amplios, justos y de calidad.
4. Medicina pluralista y socialmente
responsable:
atenta a las necesidades socioculturales de diversos
grupos;
receptiva y abierta a las modalidades alternas, pero fiel
a su raíz científica en la prestación de su servicio profesional.
5. Medicina justa y equitativa:
no se deja dominar en su gestión por el dinero ni el poder;
no permite que las presiones políticas la inclinen a la infidelidad
para con el fin primordial de la salud;
procura una justicia articulada en términos de “a todos
por igual según necesidades reales” (salud óptima y no mero mínimo),
y se confíe más en la salud pública que intenta promover la salud y prevenir
la enfermedad.
6. Medicina respetuosa de la
dignidad de la persona y de la solidaridad interpersonal:
promueve la educación de los miembros de los comités
de ética institucionales;
educa preventivamente a los pacientes en el respeto a determinadas
pautas;
participa democráticamente en la discusión pública en torno
de temas de salud y vida.
De este modo, se ilustran las funciones tradicionales
de la filosofía (esclarecer conceptos, ordenar el encadenamiento de
las ideas, evaluar las implicaciones de una posición o decisión y buscar
fundamentos en la realidad objetiva para las ideas) en relación con
la medicina como actividad clínica. En otra ocasión examinaremos filosóficamente
algún otro aspecto de la medicina, pero insisto en que el aspecto básico
es la práctica o el encuentro médico-paciente.
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