ISSN 1669-7723  
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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA CARDIOVASCULAR / Vol. I - N° 1 / Setiembre - Octubre - Noviembre 2003


ARTÍCULO ORIGINAL
CIRUGÍA DE REVASCULARIZACIÓN MIOCÁRDICA ARTERIAL SIN CIRCULACIÓN EXTRACORPÓREA


Autores
R. F. Tarrío, J. J. Cuenca, V. Campos, J. M. Herrera, F. Rodríguez, J. V. Valle, F. Portela, J. García-Carro, B. Adrio, A. Juffé STEIN*

Recibido:               03.07.2003
Aceptado:              25.07.2003
Correspondencia:   Alberto Juffé Stein
                            Servicio de Cirugía Cardíaca, Hospital Juan Canalejo
                            As Xubias de Arriba 84. 15006 - A Coruña. España
                            E-mail: alberto.juffe@canalejo.org
                            


* Servicio de Cirugía Cardíaca. Hospital Juan Canalejo, A Coruña.


RESUMEN


Introducción
   El paciente referido para cirugía de revascularización miocárdica es cada vez mayor y con múltiples factores de riesgo asociados. Con la finalidad de reducir la morbilidad asociada a la circulación extracorpórea y al clampaje aórtico, se desarrolló la técnica de revascularización coronaria con doble arteria mamaria interna.

Objetivo
   Describir la experiencia en nuestro centro con esta técnica y sus resultados.

Material y métodos
  
Desde abril de 1998 hasta diciembre de 2002, se han revascularizado sin CEC un total de 743 pacientes, de los cuales 620 eran varones (83,5%), con una edad media de 65,3±9,5 años (23-90). El 66,2% presentaban angina inestable, el 29,5% diabetes y el 14,7% arteriopatía periférica. El 25,6% presentaban lesión de tronco común, el 50,3% lesión de triple vaso y el 18,1% enfermedad de dos vasos con función ventricular media de 60%±13% (23-88). Ambas arterias mamarias fueron disecadas sin pedículo y anastomosadas como injerto en “Y” o “T” para alcanzar los diferentes territorios. La permeabilidad de las anastomosis se evaluó mediante doppler intraoperatorio.

Resultados
   Se realizaron un total de 2028 anastomosis distales, siendo la media de 2,7 (1-5) por paciente, reci-biendo 3 o más puentes el 62%. En cuanto a la morbilidad quirúrgica, 40 (5,4%) pacientes presentaron fibrilación auricular postoperatoria, 24 (3,2%) infarto perioperatorio, 7 (0,9%) mediastinitis y reoperación por sangrado y 3 (0,4%) accidente vascular cerebral permanente. La mortalidad hospitalaria fue de 3,2% (24).

Conclusiones
   Esta técnica posibilita una revascularización arterial completa y una reducción en la morbi-mortalidad quirúrgica. (Rev Arg Cir Cardiovasc 2003; 1:24-33)

Palabras clave
Cirugía coronaria - Técnica sin circulación extracorpórea - Doble mamaria



RESUMO

CIRURGIA DE REVASCULARIZAÇÃO MIOCÁRDICA ARTERIAL SEM CIRCULAÇÃO EXTRACORPÓREA


Introdução
   O paciente referido para cirurgia de revascularização miocárdica é cada vez maior e com múltiplos fatores de risco associados. Com a finalidade de reduzir a morbidade associada à circulação extracorpórea e ao oclução aórtico, desenvolveu-se a técnica de revascularização coronária com duas artérias mamárias internas.

Objetivo
   Descrever a experiência em nosso centro com esta técnica e os seus resultados.

Material e Métodos
   Desde abril de 1998 até dezembro de 2002, tem se revascularizado sem CEC uma totalidade de 743 pacientes, dos quais 620 eram homens (83,5%), com média de idade de 65,3±9,5 anos (23-90); 66,2% apresentavam angina instável; 29,5% diabetes e 14,7% arteriopatia periférica. Já 25,6% apresentavam lesão de tronco comum, 50,3% lesão de três vasos e 18,1% doença de dois vasos com função ventricular média de 60%±13% (23-88). Ambas artérias mamárias foram dissecadas sem pedículo e anastomosadas como enxerto em “Y” ou “T” para alcançar os diferentes territórios. A permeabilidade das anastomoses avaliou-se por meio de doppler intraoperatório.

Resultados
   Efetuaram-se 2028 anastomoses distais, sendo a média de 2,7 (1-5) por paciente, com 62% recebendo 3 ou mais pontes. Quanto à morbilidade cirúrgica, 40 (5,4%) pacientes apresentaram fibrilação auricular pós-operatória, 24 (3,2%) infarto perioperatório, 7 (0,9%) mediastinite e reoperação por sangramento e 3 (0,4%) acidente vascular cerebral permanente. A morbilidade hospitalar foi de 3,2% (24).

Conclusões
   Esta técnica possibilita uma revascularização arterial completa e uma redução na morbilidade cirúrgica.

Palavras chave
Cirurgia Coronária - Técnica sem circulação extracorpórea - Dupla-mamária



SUMMARY

OFF-PUMP TOTAL ARTERIAL REVASCULARIZATION

Background and aim of the study
   Off-pump coronary artery bypass grafting with both internal thoracic arteries, as the Tector technique, can reduce the associated morbidity to extracorporeal circulation and aortic crossclamp. The aim of the study was to describe our experience and results.

Objectives
   Description of the technique, his results and experience in our work place.

Methods
    From abril 1998 to december 2002, off-pump Tector technique was performed in 743 patients, 620 were male (83,5%), with a mean age of 65,3±9,5 años (23-90). Preoperative risk factors were diabetes mellitus in 29,5% and diffuse vasculopathy in 14,7%. Angiography showed left main disease in 25,6% and triple-vessel disease in 50,3% of patients, with a mean ejection fraction of 60%±13% (23-88). Both internal thoracic arteries were harvested using the skeletonization technique and were anastomosed as an “Y” or “T” graft. Intraoperative graft patency was checked using a doppler-flowmeter.

Results
   A total of 2028 distal anastomosis were performed, the average was 2,7 (1-5) per patient. At least three distal anastomoses were undertaken in the 62% ot the patients. Postoperative complications included, atrial fibrillation in 40 patients (5,4%), myocardial infarction in 24 (3,2%), mediastinitis in 7 (0,9%) as in reoperation for bleeding and stroke in 3 (0,4%). Twenty four patients (3,2%) died in the first month postoperative.

Conclusions
   Off-pump Tector technique appears to be safe, showing a low surgical morbidity.

Key words
Coronary Surgery - Off-pump technique - Mammary double



  ABREVIATURAS
  ACT   Tiempo de coagulación activado
  ACTP   Angioplastía coronaria percutánea
  AMII   Arteria mamaria izquierda
  AMID   Arteria mamaria derecha
AMIs Arterias mamarias internas
CEC Circulación extracorpórea
DA Descendente anterior
FA Fibrilación auricular
FE Fracción de eyección
IM Infarto de miocardio


INTRODUCCIÓN

   Si bien durante los más de 25 años de su historia la cirugía de by-pass coronario ha estado sometida a numerosas controversias que la han mantenido en constante evolución, podemos considerar la segunda mitad de la década de los noventa como un momento crítico, pues el desarrollo alcanzado y los resultados obtenidos por la angioplastia coronaria percutánea (ACTP) están obligando a una redefinición del papel de la cirugía en el tratamiento de la cardiopatía isquémica.
   Los estudios aleatorizados que atribuyen mejores resultados a largo plazo, bien en supervivencia o en reducción de eventos, a los grupos de pacientes tratados mediante cirugía frente a ACTP apoyan la idea de desarrollar, de entre las diversas técnicas quirúrgicas, aquellas que presenten unos mejores resultados a largo plazo. En este sentido, en los últimos años diversas publicaciones han reportado beneficios en supervivencia, ausencia de nueva revascularización y disminución de eventos cardíacos, mediante el uso de ambas arterias mamarias internas (AMIs) (1-8). El uso expansivo de ambas AMIs en el intento de lograr la mayor revascularización arterial alcanzable, ha llevado a múltiples posibilidades técnicas. Mills et al. y Sauvage et al. (9) introdujeron el uso de la arteria mamaria derecha (AMID) como injerto libre, anastomosado a la arteria mamaria izquierda (AMII) en “T”, posteriormente, esta técnica ha sido popularizada por Alfred Tector (10-11) a principios de los años noventa, para conseguir una revascularización arterial completa. Actualmente, esta técnica es considerada por nuestro grupo como la técnica de elección.
   Inmersa en la corriente quirúrgica general, que tiende al desarrollo de técnicas menos agresivas para la consecución de los mismos objetivos, y en un intento de reducir la morbi-mortalidad precoz que le permita ser competitiva con la ACTP, por un lado y por otro para acceder a pacientes conside-rados hasta ahora de inaceptable riesgo quirúrgico, se han desarrollado en cirugía coronaria numerosas técnicas que reducen la agresión al paciente (“mini-invasivas”). Entre ellas, el pres-cindir de la conexión del paciente a la bomba de circulación extracorpórea (CEC) (12-21) y de la manipulación de la aorta debe ser considerado un aspecto crucial en la nueva cirugía coronaria.
   Previo a la aparición de la CEC, la revascularización miocárdica a corazón latiendo era el único abordaje posible. Actualmente, el prescindir de la CEC, por un lado, supone el inconveniente de un campo quirúrgico con sangre y en movimiento, además de la repercusión hemodinámica que conlleva la manipulación cardíaca y las dificultadas técnicas asociadas; pero, por otro lado, también supone la reducción de una gran parte de la morbilidad quirúrgica bajo CEC, por ejemplo respuesta inflamatoria sistémica, disfunción pulmonar, coagulopatía y necesidad de politransfusión, daño neurológico y arritmias cardíacas postoperatorias. Si además prescindimos de cualquier clampaje en la aorta ascendente, conseguimos una reducción añadida de las complicaciones neurológicas.
   Nuestro objetivo ha sido reducir la agresión quirúrgica mediante la eliminación de la CEC y de cualquier tipo de clampaje en la aorta, manteniendo la revascularización arterial completa con ambas AMIs, siguiendo la técnica de Tector.


MATERIAL Y MÉTODOS

   Desde abril de 1998 hasta diciembre de 2002, han sido sometidos a cirugía de revascularización miocárdica mediante doble arteria mamaria y sin CEC un total de 743 pacientes.
   El grupo de pacientes en estudio presentaba una edad media de 65,3±9,5 años (23-90), siendo 620 de sexo masculino (83,5%) y 123 femenino (16,5%). Como factores de riesgo preoperatorios destacamos que el 51,8% (385) presentaba antecedente de infarto de miocardio (IM), el 41,5% eran fumadores, el 29,5% diabéticos, el 15,9% obesos, el 14,7% presentaban clínica de claudicación intermitente y el 8,1% padecían enfermedad pulmonar obstructiva crónica, estando el resto de variables de riesgo preoperatorias incluidas en la Tabla 1. La gran mayoría presentaban cardiopatía isquémica sintomática (95,8%), y dentro de este grupo un 66,2% tenían angina inestable.
   A todos ellos se les realizó coronariografía diagnóstica preoperatoria, mostrando lesión severa de tronco común izquierdo el 25,5% (190), el 50,3% (374) lesión de triple vaso y el 18,2% (135) enfermedad de dos vasos. En la gran mayoría se realizó además ventriculografía izquierda presentando una fracción de eyección (FE) media de 60%±13,2% (23-88), siendo en 18,2% de pacientes menor del 50%.

%
Edad    
    >70 años 249 33,5
Sexo
     Hombre 620 83,5
     Mujer 123 16,5
Diagnóstico
     Dos vasos 135 18,1
     Tres vasos 374 50,3
     Tronco 190 25,6
Angina
     Estable 241 33,8
     Inestable 471 66,2
Fracción eyección
     >50% 608 81,8
     50-30% 120 16,2
     >30% 15 2
Hipertensión arterial 434 58,4
Dislipemia 419 56,4
IAM antiguo 385 51,8
Tabaquismo 308 41,5
Diabetes mellitus 219 29,5
Obesidad 118 15,9
Arteriopatía periférica 109 14,7
EPOC 60 8,1
Enfermedad carotídea 35 4,7
Insuficiencia renal 30 4,1
ACV 12 1,6
Reoperación 7 0,9
IABP 6 0,8
Parada cardíaca 6 0.8


Tabla 1. Características preoperatorias de los pacientes (n=743).
IAM= Infarto agudo de miocardio.
EPOC= Enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
ACV= Accidente cerebro-vascular.
IABP = Balón de contrapulsación intra-aórtico.


   A todos los pacientes se les calculó el riesgo quirúrgico preoperatorio según las escalas de Parsonnet (1995) y Euroscore, siendo el riesgo medio calculado de 3,4±3,4 y 2,9±2,4 respectivamente.
   En los primeros años un pequeño grupo de pacientes de bajo riesgo fueron intervenidos mediante esta técnica (en 1998 el 38% del total de cirugía coronaria aislada) y debido fundamentalmente a los excelentes resultados en cuanto a morbi-mortalidad observados, ha aumentado de forma significativa hasta convertirse en la técnica de elección en el momento actual (en 2002 el 96% del total). De los resultados expuestos, cabe destacar que hoy en día, sólo consideramos contraindicación absoluta de cirugía coronaria sin CEC a aquellos pacientes que presentan arterias coronarias severamente calcificadas, la localización intramiocárdica de las mismas, y la inestabilidad eléctrica o hemodinámica que no tolere la manipulación cardíaca.
   De las 743 intervenciones, 672 se realizaron de forma electiva (90,4%), 44 de forma urgente (5,9%), 19 como urgencia diferida (2,6%) y 8 de forma emergente (1,1%). La monitorización anestésica de los pacientes no fue diferente a la convencional en cirugía coronaria, incluyendo electrocardiograma continuo de 3-12 derivaciones, pulsioximetría, capnografía, presión arterial invasiva y presión venosa central o presiones en arteria pulmonar; además, la posibilidad de monitorizar el gasto cardíaco continuo se considera de gran utilidad, debido a las importantes variaciones en el mismo motivadas por la manipulación cardíaca. En cuanto a la técnica anestésica, en los primeros años era la misma que para los pacientes intervenidos bajo CEC, posteriormente se ha evolucionado hacia técnicas que facilitan la extubación precoz e incluso intraoperatoria, como son la combinación de Fentanilo y Propofol, y más recientemente la simpatectomía torácica mediante un catéter epidural torácico en el espacio intervertebral T1-T4, y Remifentanilo. No se realiza, de forma rutinaria, la infusión intravenosa de fármacos vasodilatadores ni betabloqueantes.
   Ambas AMIs son disecadas sin pedículo mediante lupas de magnificación (x3.5 a x5.5) con el objeto de preservar la vascularización del esternón, mejorar su calibre y longitud, y facilitar la construcción del injerto en “T” y las anastomosis secuenciales (22-28). Realizamos la heparinización, inicialmente con 1,5 mg*kg de peso, necesaria para alcanzar un tiempo de coagulación activado (ACT) superior a 300 segundos, y en esta cifra se mantiene durante todo el periodo en el que se realizan oclusiones arteriales. Ambas AMIs se irrigan con suero salino caliente y solución salina de Papaverina al 1:30, no realizándose, de forma rutinaria, manipulación farmacológica intraarterial. Se exploran las arterias coronarias diana y se confirma la estrategia quirúrgica.
   Tras seccionar con clips metálicos la porción proximal de la AMID , se realiza la construcción del injerto en “T” (anastomosis termino-lateral perpendicular) o en “Y” (anastomosis termino-lateral en paralelo), según el plan quirúrgico, suturando la AMID sobre la AMII a la altura de la orejuela izquierda, tras pasar esta última por una incisión lateral del pericardio. La anastomosis termino-lateral, de unos 8 mm de longitud, se realiza con sutura continua de monofilamento de 8-0 y se comprueba la pulsatilidad o flujo de ambos brazos del injerto. En casos seleccionados ha sido necesario construir un segundo injerto en “Y”, con un segmento de AMII o AMID de 2-4 cm. de longitud, sobre una porción más distal de la AMII, para la revascularización de ramos diagonales que discurren casi perpendiculares a la descendente anterior (DA).
   Siempre realizamos en primer lugar la revascularización de la cara anterior del corazón, comenzando, si es preciso, por las arterias diagonales y a continuación por la arteria descendente anterior. Posteriormente se realizan las anastomosis de la cara lateral, postero-lateral e inferior, por este orden. En la mayoría de los pacientes se ha realizado la revascularización de la DA con la AMII, pero en algunos pacientes, en que se precisó mayor longitud o mejor calidad del injerto a este territorio, se prefirió usar la AMID.
   En los primeros casos la estrategia de exposición de las arterias coronarias fue la descrita por Calafiore et al.18, basada en el uso de cuatro cintas de algodón, dos que se pasan por el seno transverso y otras dos por debajo de la vena cava inferior para la elevación del corazón y del dispositivo de inmovilización regional CTS-MV (CardioThoracic System, Cupertino, CA). Posteriormente hemos modificado la técnica de elevación y rotación del corazón para acceder a la cara lateral, postero-lateral e inferior del corazón, adoptando la técnica descrita por Lima (29-30). Ésta se basa en la colocación de 3 o 4 puntos de seda para elevar el lado izquierdo del pericardio, el primero por encima de la vena pulmonar superior izquierda, el segundo próximo a la vena pulmonar inferior izquierda, el tercero entre esta vena y la vena cava inferior y el cuarto en la vecindad de la vena cava inferior. Con la tracción alternativa o simultánea de estos puntos se consigue elevar y rotar hacia la derecha la base del corazón y colocar el ápex fuera del tórax. Esta posición genera una dificultad al llenado del ventrículo derecho que es compensada con un Trendelenburg de 20º, con lo que se consigue una adecuada estabilidad hemodinámica (31-32). A lo largo de esta experiencia se han utilizado diversos estabilizadores epicárdicos, empleándose en la actualidad el CTS Última (CardioThoracic System, Cupertino, CA).
   Una vez conseguida una adecuada exposición e inmovilización de la arteria coronaria diana con una buena hemodinámica, se procede a la oclusión de la arteria coronaria mediante un torniquete de monofilamento de 4-0 apoyado en un trozo de silicona para no dañar la arteria. Sólo excepcionalmente se realiza oclusión distal de las arterias coronarias y no se emplean oclusores o shunt intravasculares.
   Todas las anastomosis se realizan con una sutura continua de monofilamento de 8-0 (Surgipro, Autosuture, USA), lupas de magnificación (x3.5 a x5.5) y eliminando la sangre de la arteriotomía mediante un “soplador” de aire húmedo (Clear View Blower/Mister, Medtronic DLP, Grand Rapids, MI). Según la posición de las arterias coronarias y la longitud del injerto (AMIs) hemos usado tanto anastomosis latero-laterales (secuenciales) en paralelo o perpendiculares (diamante), como termino-laterales igualmente en paralelo o perpendiculares. En general preferimos las anastomosis en paralelo, pues con las anastomosis en “diamante”, sobre todo si las AMIs son finas, se pueden generar distorsiones en la anastomosis que comprometan el flujo distal.
   Al finalizar cada anastomosis se realiza una evaluación cuantitativa y cualitativa mediante un medidor de flujo (Transonic System, Ithaca, NY). La presencia, cerca de la anastomosis, de una onda diastólica dominante se ha correlacionado angiograficamente con una anastomosis permeable y no restrictiva (33-35).
   En general, la heparinización es revertida parcialmente con sulfato de Protamina (1-1,5 mg*kg) al finalizar la intervención. Tan solo en los pacientes con malos lechos distales o en aquellos que habían presentado cambios electrocardiográficos durante la intervención no se neutralizaba la heparina. En los últimos pacientes y tras la publicación de Mariani et al. (36), en la que se demuestra la existencia de una actividad procoagulante en la cirugía coronaria sin CEC, similar a la existente en otras cirugías mayores, hemos pasado a mantener los antiagregantes orales preoperatorios (excepto Ticlopidina, Clopidogrel) hasta el mismo día de la intervención, y a administrarlos intravenosos intraoperatorios (equivalente a 250 mg de ácido acetilsalicílico) tras la neutralización de la heparina; posteriormente son mantenidos vía oral diarios (150-300 mg) acompañados de una adecuada protección gástrica.
   Si el paciente se encuentra estable y sin cambios electrocardiográficos, la tendencia actual es la extubación intraoperatoria, manteniendo el bloqueo simpático torácico al menos durante las 24-48 horas postoperatorias, mediante la infusión de un anestésico local combinado o no con un opioide a través del catéter epidural. Esta técnica nos permite una analgesia excelente, una mayor estabilidad hemodinámica (disminución de la frecuencia cardíaca y vasodilatación coronaria y mamaria) además de una mejor función respiratoria. Tras el alta hospitalaria, a todos los pacientes se les realiza seguimiento clínico en consultas externas al menos al mes de la intervención. Tras el periodo inicial en el cual realizamos seguimiento angiográfico rutinario (tasa total de permeabidad del 94,4% a los 6 meses 37), en el momento actual no realizamos angiografía de control postoperatorio.
   Los datos que presentamos son medias aritméticas más y menos la desviación típica.


RESULTADOS

   Se realizaron un total de 2028 anastomosis distales, lo que supone una media de 2,7±0,8 (1-5) por paciente, recibiendo 3 o más puentes el 62% de los pacientes (Tabla 2). Al principio de la experiencia y en pacientes siempre con corazones dilatados, no se pudo conseguir la revascularización arterial completa con ambas AMIs, siendo necesario, para alcanzar la arteria descendente posterior, prolongar la AMID con 4-5 cm de vena safena interna en 8 pacientes, en otros 3 se utilizó la arteria gastroepiploica y en 29 pacientes se optó por realizar un injerto aorto-coronario independiente con vena safena invertida. El resto de anastomosis (1988, el 98%) se realizaron apenas con ambas arterias mamarias.

%
Anastomosis    
     Distales 2048 -
     Proximales 29 -
Conducto
     Arteria mamaria 1988 98
     Vena safena 37 1,85
     Arteria gastroepiploica 3 0,15
Pacientes con
     Un puente 39 5,25
     Dos puentes 243 32,7
     Tres puentes 351 47,2
     Cuatro puentes 100 13,3
     Cinco puentes 10 1,35
Manipulación Aorta

     Sí

29 3,9

     No

714 96,1


Tabla 2. Características y número de anastomosis coronarias.



   En cuanto al número de anastomosis distales, un total de 39 pacientes (5,25%) recibieron un solo puente, fundamentalmente a la arteria descendente anterior; 243 pacientes (32,7%) recibieron dos puentes, siempre a la arteria descendente anterior y otro vaso, bien de la cara lateral bien de la cara inferior; 351 pacientes (47,2%) recibieron 3 puentes, en general, a la arteria descendente anterior, una arteria marginal de cara lateral y la arteria descendente posterior; 100 pacientes (13,5%) recibieron 4 puentes y 10 pacientes (1,35%) recibieron 5 puentes. Del total de anastomosis distales un 26% fueron secuenciales, bien en paralelo, bien en perpendicular (diamante), en general en vasos localizados en cara lateral.
   En 29 pacientes se realizaron anastomosis proximales mediante clampaje parcial en aorta ascendente. En el resto de los pacientes (714, el 96,1%) no se precisó manipulación alguna de la misma. La gran mayoría de los pacientes toleraron adecuadamente la movilización cardíaca, precisando inotrópicos un bajo número de ellos y apoyo con balón de contrapulsación intraaórtico perioperatorio o postoperatorio 11 pacientes (1,5%), además de 6 pacientes que lo portaban ya desde antes de la intervención.
   Un total de 266 pacientes (35,6%) fueron extubados en el quirófano una vez finalizada la intervención, siendo la gran mayoría portadores de catéter epidural torácico. En el resto de los pacientes, la mitad fueron extubados en menos de 4 horas y el 75% en las primeras 6 horas.
   Como complicaciones postquirúrgicas de mayor ocurrencia (Tabla 3) se presentó algún tipo de problema respiratorio en 115 pacientes (15,5%); siendo la atelectasia y el derrame pleural los más frecuentes, seguidos de distress respiratorio, neumotórax, edema pulmonar y neumonía. Además 47 pacientes (6,3%) presentaron bajo gasto de origen cardíaco, 11 de los cuales precisaron el implante de balón de contrapulsación intraórtico, y 40 pacientes (5,4%) presentaron al menos un episodio de fibrilación auricular (FA). Tuvimos un 3,4% (25 pacientes) de infecciones de la herida quirúrgica; siendo 7 mediastinitis (0,9%), en 24 (3,2%) se evidenció daño miocárdico perioperatorio; 17 pacientes (2,3%) tuvieron algún tipo de complicación neurológica, siendo la más frecuente el delirio y agitación psicomotora, seguida de ACVA transitorio, siendo solamente en 3 pacientes (0,4%) permanente. Finalmente 10 pacientes (1,3%) precisaron ser reintervenidos de urgencia, 7 por sangrado y 3 para rehacer alguna de las anastomosis.
   La estancia media postoperatoria fue de 6,9±5,3 días, de los cuales 2,1±2,9 días fueron en la unidad de cuidados intensivos. La mortalidad hospitalaria fue de 24 pacientes (3,2%), siendo la causa cardíaca la más frecuente (en 15, el 62,5% de los fallecidos).

%
Respiratorias 115 15,5
     Atelectasia 46 6,2
     Derame pleural 30 4
     Distress respiratorio 17 2,3
     Edema pulmonar 13 1,7
     Neumonía 10 1,3
     Embolismo pulmonar 1 0,1
Cardíacas 111 15
     Bajo gasto 47 6,3
     Fibrilación auricular 40 5,4
     Infarto perioperatorio 24 3,2
Infección de herida 25 3,4
     Superficial o profunda 18 2,4
     Mediastinitis 7 0,9
Neurológicas 17 2,4
     Delirio o agitación 8 1,1
     ACVA transitorio 5 0,7
     ACVA permanente 3 0,3
     Otras 1 0,1
Reintervención 10 1,3
     Por sangrado 7 0,9
     Repontaje coronario 3 0,3
Renales
     Diálisis / Ultrafiltración 9 1,2


Tabla 3. Complicaciones postoperatorias
ACVA: Accidente cerebro-vascular.


 

DISCUSIÓN

   Nuestra serie supone una de las más amplias publicadas sobre revascularización miocárdica con doble AMI, dispuestas como injerto en “Y” o “T” y sin uso de CEC, obteniendo una revascularización completa mediante la utilización única de ambas AMIs en el 95% de los pacientes, evitando así cualquier clampaje aórtico
(y su morbilidad asociada), además queremos destacar el alto número de puentes realizados (2,7 por paciente) así como la importancia de las anastomosis secuenciales (un 26%) para la obtención de una revascularización completa.
   Revisando la literatura, encontramos otras series de revascularización arterial sin CEC como la de Calafiore et al.(18) en la que no solamente se usan múltiples injertos arteriales, además de la AMI, sino que sólo el 18% son injertos en “Y” y las anastomosis secuenciales suponen solamente un 14%; la serie de Cartier et al.(19), con uso en la mayoría de los pacientes de una sola AMI completando la revascularización con vena safena, arteria radial y realizando anastomosis secuenciales en tan sólo 3 pacientes, en la serie de Jansen et al.(17) hay un uso amplio de la doble AMI pero
in situ, con un solo paciente con injerto en “Y”, completando la revascularización de la cara inferior del corazón con la arteria gastroepiploica. Otras series publicadas, principalmente por A. Tector (9-11,28) de revascularización arterial completa con doble AMI en injerto compuesto, han sido realizadas bajo CEC.
   Está claramente demostrada la superioridad a largo plazo del injerto de AMI a DA con respecto a la técnica clásica con vena safena (38-39), no sólo en cuanto a permeablidad, sino también en una mayor supervivencia, menor número de eventos cardíacos y menor necesidad de procedimientos de revascularización posteriores. Por lo tanto, parece lógico un mayor beneficio para el paciente secundario a la utilización de ambas AMIs. Diversas publicaciones, entre ellas procedentes de la Cleveland Clinic (6) o la Clínica Mayo (8) han reportado dichos beneficios, aunque consideramos que sigue siendo un tema controvertido.
   La mayor probabilidad de complicaciones esternales, descritas en la literatura (40-42), secundarias al uso de la AMI bilateral, es compensada mediante la disección esqueletizada (22-28), permitiendo una mejor preservación de la circulación colateral esternal.
   También queremos destacar el daño inherente a todo clampaje de la aorta. Calafiore et al.(43) recientemente ha publicado un estudio sobre la relación entre cualquier clampaje aórtico, la utilización o no de CEC y el riesgo de ACVA postoperatorio, en el que concluye que todos aquellos pacientes sometidos a clampaje de la aorta
(parcial o total) tenían un riesgo de ACVA postoperatorio similar (independientemente de la utilización de CEC o no), frente a una clara disminución del riesgo en aquellos pacientes no sometidos a clampaje de la aorta, siendo este beneficio mayor en aquéllos con antecedente de arteriopatía periférica. Es nuestra opinión, por tanto, que para reducir verdaderamente la morbi-mortalidad de la cirugía de revascularización miocárdica, no sólo debe prescindirse de la utilización de la CEC, sino que debe evitarse cualquier tipo de clampaje de la aorta ascendente, lo cual se consigue mediante la técnica descrita.
   Así mismo, la eliminación de la CEC en la cirugía de revascularización miocárdica (12-21) también ha sido un tema controvertido, dado que por un lado supone una mayor dificultad técnica asociada, frente al beneficio de la eliminación de la morbilidad asociada a la misma.
   En cuanto a la mayor complejidad técnica, es un tema que consideramos debemos asumir si queremos ser competitivos frente a otras terapéuticas menos invasivas. Con los medios técnicos actuales, se puede realizar una revascularización completa sin CEC, tal y como han concluido recientes estudios publicados
(Octopus trial, Bhacas 1 y 2) (44, 45) que no presentan diferencias significativas en cuanto al número de anastomosis por paciente realizadas, ni en la permeabilidad de las mismas a un año (18, 37, 46), utilizando ambas técnicas quirúrgicas.
   Por el contrario, para nosotros, los beneficios de la no utilización de la CEC son claros y definitivos en la decisión de la estrategia quirúrgica. Diversos trabajos confirman una menor morbilidad operatoria, no sólo una menor respuesta inflamatoria sistémica (47-50), sino también la disminución de complicaciones pulmonares, de disfunción renal (51, 52), de daño neurológico
(reversible o no) (53-56), de coagulopatía (necesidad de politransfusión, reoperación por sangrado) (44, 45, 47) y de arrítmias cardíacas postoperatorias (57). Queremos destacar además que a pesar de la manipulación cardíaca, se ha demostrado una mayor protección miocárdica (49) en la cirugía coronaria a corazón latiendo, frente a la realizada con parada cardiopléjica confirmada mediante la determinación seriada de diversas proteínas indicativas de daño miocárdico.
   A pesar de la clara reducción de la morbilidad operatoria, en la población general no existen diferencias de mortalidad entre la cirugía con y sin CEC; es aceptado que los pacientes de alto riesgo tienen una menor mortalidad quirúrgica en la cirugía a corazón latiendo frente a la técnica convencional (59-65).
   En nuestra serie, consideramos que el objetivo de minimizar la agresión quirúrgica se ha visto cumplido con la eliminación del clampaje aórtico
(en la mayoría de casos) y de la circulación extracorpórea, obteniendo una revascularización de todos los territorios miocárdicos sólo con la utilización intensiva de ambas arterias mamarias (en un alto porcentaje de pacientes).
   La morbilidad operatoria en nuestra serie ha sido baja
(Tabla 3), destacando la pequeña incidencia de complicaciones respiratorias y cardiovasculares graves (5,3% y 9,5%, respectivamente), de fibrilación auricular postquirúrgica (5,4% posiblemente condicionada por la corta estancia postoperatoria), de daño neurológico (1%, siendo permanente en el 0,3%) y la baja tasa de reintervención por sangrado (0,9%). En nuestros resultados queremos destacar también la corta estancia hospilaria (6,9±5,3), que progresivamente va dismi-nuyendo al añadir la extubación intraoperatoria como técnica habitual, todo ello contribuye a la disminución global del consumo de recursos hospitalarios, tal y como demuestra Calafiore et al (66).
   Sin ser el objeto de esta publicación, queremos indicar que sobre este mismo grupo de pacientes estamos realizando un estudio de factores de riesgo preoperatorio, resultando por orden de importancia: la parada cardio-respiratoria preoperatoria, la inestabilidad hemodinámica que requiera inotrópicos o contrapulsación intra-aórtica, el ACVA previo con secuelas neurológicas, la arteriopatía periférica, la insuficiencia renal crónica y la enfermedad coronaria severa de tronco y tres vasos principales. No hemos encontrado disfunción ventricular izquierda, factor de riesgo operatorio para este tipo de intervención.


CONCLUSIONES

   A la vista de los resultados presentados, consideramos que con la utilización intensiva de ambas arterias mamarias se puede realizar una revascularización miocárdica completa sin necesidad de la CEC, lo que contribuye a una menor morbi-mortalidad operatoria.

 


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