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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA CARDIOVASCULAR
Vol. I - N° 1 / Setiembre - Octubre - Noviembre 2003

ARTÍCULO
DE REVISIÓN
PERSPECTIVAS FUTURAS DE TRATAMIENTO EN LA INSUFICIENCIA
CARDÍACA: UTILIZACIÓN
DE CÉLULAS MADRE PARA LA REGENERACIÓN MIOCÁRDICA*
Autores
Felipe Prósper Cardoso (1),
Jesús Herreros González (2), Eduardo Alegría Ezquerra
(2)
Recibido: 30.05.2003
Aceptado: 26.06.2003
Correspondencia: Felipe Prósper
Servicio
de Hematología y Área de Terapia Celular
Av.
Pío XII 36, Pamplona 31008. España
Teléfono:
948 255400 / Fax: 948 296500
E-
mail: fprosper@unav.es
*
Trabajo financiado en parte por ayudas del Ministerio de Ciencia y Tecnología
(SAF 2002-04574-C02), Fondos Europeos FEDER (INTERREG IIIA) y la Universidad
de Navarra (PIUNA).
1 Servicio de Hematología y Área de Terapia Celular.
2 Departamento de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. Clínica Universitaria.
Universidad de Navarra.
RESUMEN
La
terapia celular en la reparación miocárdica se vislumbra como una de las
estrategias terapéuticas con mayor futuro en el tratamiento de la insuficiencia
cardíaca. Numerosos estudios recientes in vivo e in vitro, apoyan la potencialidad
de distintos tipos de células madre de diferenciarse hacia los tejidos
necesarios para regenerar el tejido miocárdico dañado. Varios estudios
en animales de experimentación sugieren que células madre de músculo (mioblastos)
o médula ósea (progenitores mesenquimales, endoteliales o hematopoyéticos)
podrían contribuir in vivo a mejorar la contractilidad cardíaca y
han dado lugar a que diversos grupos hayan iniciado estudios en pacientes
con infarto de miocardio. Sin embargo, la utilización de la terapia celular
en ensayos clínicos no está desprovista de controversia, fundamentalmente
relacionada con la necesidad de aumentar nuestro conocimiento antes de
pasar a la aplicación clínica de estas estrategias terapéuticas. Sin entrar
en valoraciones, exponemos algunas de las evidencias científicas que podrían
justificar la realización de estudios de investigación clínica con terapia
celular, así como algunas de las preguntas sin resolver. (Rev Arg Cir
Cardiovasc 2003; 1:15-23)
Palabras clave
Insuficiencia cardíaca - Células madre - Mioblastos - Regeneración cardíaca
- Trans-diferenciación
RESUMO
PERSPECTIVAS FUTURAS DE TRATAMENTO NA INSUFICIÊNCIA CARDÍACA: UTILIZAÇÃO
DE CÉLULAS-MÃE PARA A REGENERAÇÃO MIOCÁRDICA
A terapia celular na restauração miocárdica surge
como uma das estratégias terapéuticas com maior futuro no tratamento da
insuficiência cardíaca. Numerosos estudos recentes in vivo e in vitro sustentam
a potencialidade de distintos tipos de células-mãe de se diferenciarem hacia
os tecidos necesários para regenerar o tecido miocárdico que sofreu dano.
Vários estudos em animais de experimentação sugerem que células-mãe de músculo
(mioblastos) ou medula óssea (progenitores mesenquimales, endoteliales
ou hematopoéticos) podem contribuir in vivo para melhorar a contratilidade
cardíaca e deram lugar a que diversos grupos iniciassem estudos em pacientes
com infarto do miocárdio. No entanto, a utilização da terapia celular em
ensaios clínicos não está desprovida de controvérsia, fundamentalmente relacionada
com a necessidade de aumentar nosso conhecimento antes de passar/mudar à
aplicação clínica de estas estratégias terapêuticas. Sem entrar em julgamento,
expomos algumas das evidências científicas que podem justificar a realização
de estudos de investigação clínica com terapia celular assim como algumas
das perguntas não resolvidas.
Palavras chave
Insuficiência cardíaca - Células-mãe - Mioblastos - Regeneração cardíaca
- Transdiferenciação
SUMMARY
ADULT STEM CELLS TO REGENERATE CARDIAC TISSUE IN HEART FAILURE
PATIENTS
Cell therapy in cardiac repair is seen as one of
the therapeutic strategies with better prospects for the treatment of heart
failure. Several recent in vivo and in vitro studies support the potencial
of stem cells differentiation in order to regenerate the damaged myocardial
tissue. Various studies in laboratory animals suggest muscle stem cells
(myoblasts) or bone marrow stem cells (mesenchymal, endothelial
or hematopoietic stem cells) can contribute to improve myocardial contractility
in vivo and have encouraged different groups to start studies in patients
with myocardial infarction. However, use of cell therapy in clinical trials
is not free of controversies, mainly as regards the need to expand our knowledge
before the clinical application of these therapeutic strategies. We present
here-without passing judgement-scientific evidence that may support the
development of clinical trials using cell therapy as well as some of the
questions still to be answered.
Key words
Heart failure - Stem cells, Myoblasts - Cardiac tissue regeneration - Trans-differentiation
| |
ABREVIATURAS |
| |
G-CSF |
|
Factor estimulante de colonias de granulocitos |
| |
IM |
|
Infarto de miocardio |
| |
MO |
|
Médula ósea |
| |
MAPC |
|
Células madre mesenquimales pluripotenciales |
INTRODUCCIÓN
La utilización de células como estrategia para
la regeneración o reparación de tejidos es una de las áreas de investigación
en biomedicina que mayor interés ha despertado en los últimos años. El
concepto de la medicina regenerativa basado en la utilización de las células
del propio organismo está adquiriendo cada vez más fuerza (1).
Sin embargo, la aplicación de estas estrategias aún está lejos de la práctica
clínica y tan sólo se han iniciado ensayos clínicos muy preliminares.
En las siguientes líneas intentaremos dar una perspectiva de la situación
actual de la terapia celular regenerativa cardíaca, identificando algunas
de las preguntas fundamentales en este campo. Aunque joven, esta disciplina
cuenta ya con numerosos hallazgos, que por razones de espacio solamente
resumiremos.
Células madre, pluripotencialidad y trans-diferenciación
Aunque el término terapia celular afecta
a la utilización de células madre progenitoras, pero también de células
diferenciadas, con intención terapéutica, en esta revisión nos centraremos
en la utilización de células madre. Por lo tanto, es importante empezar
por definir algunos conceptos en este sentido.
Una célula madre es aquella célula que posee dos características
principales:
1) Auto-renovación: capacidad de proliferar durante tiempo prolongado
dando lugar a células hijas idénticas a ella.
2) Diferenciación: capacidad de diferenciarse hacia células maduras
y funcionales.
Las células madre se pueden diferenciar en función de
su potencialidad, es decir, de su capacidad de diferenciarse en
uno o múltiples tejidos diferentes. Mientras que las células madre
totipotenciales son capaces de diferenciarse en todos los tejidos
existentes en el cuerpo, así como en tejidos extraembrionarios, las células
madre pluripotenciales se diferenciarán tanto en tejidos somáticos
como germinales. Las células madre multipotenciales, a diferencia
de las anteriores, tienen menor potencialidad, al ser capaces de diferenciarse
hacia un cierto tipo de tejidos exclusivamente (2).
Se acepta comúnmente que las células madre embrionarias son pluripotenciales
(aquellas células madre que se obtienen a partir de la masa celular
interna del blastocisto), mientras que la visión mas clásica establece
que las células madre adultas (células madre obtenidas a partir de
órganos del adulto, médula ósea, hígado, músculo esquelético, páncreas,
etc.) son multipotenciales, es decir, su capacidad de diferenciación
está más limitada, de forma tal que una célula derivada del tejido mesodérmico
sólo puede dar lugar a tejidos derivados mesodérmicos. Estudios recientes
parecen demostrar que las células madre obtenidas de tejidos adultos poseen
mayor potencialidad de la que se creía, de tal forma que células derivadas
de una capa embrionaria podrían dar lugar a tejidos derivados de otra
capa embrionaria, dando lugar al concepto de versatilidad de las células
madre adultas o capacidad trans-diferenciadora (3-6).

Figura 1. Ontogenia y potencialidad
de las células madre. Desde el estadio de cigoto hasta la producción de
células funcionales maduras, las células madre sufren un proceso de progresiva
diferenciación y especialización. Estudios recientes sugieren que existe
cierto grado de versatilidad en el proceso de diferenciación de tal forma
que células madre derivadas de una capa embrionaria pueden generar tejidos
derivados de distintas capas embrionarias (flechas dibujadas en la figura).
Existe una jerarquía dentro de las células madre (ver texto).
Células madre y regeneración cardíaca
Como resultado de un infarto de miocardio (IM)
se produce un daño irreversible del músculo cardíaco, con la consiguiente
destrucción de cardiomiocitos. La fibrosis ocasionada como consecuencia
del infarto, junto con los fenómenos de remodelado ventricular, conducen
a la disfunción ventricular y a la insuficiencia cardíaca (7).
A pesar del empleo de tratamientos como la angioplastia o los trombolíticos,
capaces de eliminar la causa del IM, no existe ningún tratamiento eficaz
capaz de reemplazar la cicatriz fibrosa por tejido funcional con capacidad
contráctil (8). En realidad, si pensamos
que el corazón es un órgano compuesto por diferentes tipos de tejidos,
para conseguir la regeneración de la cicatriz secundaria a un IM sería
necesario contar con la contribución de distintos tipos celulares (músculo
cardíaco, células endoteliales, etc.). Numerosos grupos de investigación
han demostrado a lo largo de los últimos años que existen células madre
capaces de diferenciarse hacia todos estos tipos de tejidos y que, en
modelos animales, estas células pueden contribuir a regenerar el miocardio
dañado.
A pesar de que las células madre embrionarias son capaces
de diferenciarse a cardiomiocitos y que contribuyen a regenerar el miocardio
(9), su potencial inmunogénico (10),
la posibilidad de generar tumores in vivo, su potencial arritmogénico
(11) y los aspectos éticos relacionados
con la utilización de células embrionarias han limitado su aplicación
a estudios en animales de experimentación.
Tradicionalmente, el músculo cardíaco ha sido considerado
como un órgano sin capacidad de regeneración, puesto que las fibras musculares
cardíacas, o cardiomiocitos, son células totalmente diferenciadas. Sin
embargo, parece evidente que el corazón humano tiene cierta capacidad
de regeneración y que probablemente existan células madre de músculo cardíaco,
miocitos no totalmente dife-renciados con capacidad proliferativa (12).
Aunque conceptualmente importantes, estos hallazgos tienen hoy en día
escasa repercusión clínica: a pesar de que los cardiomiocitos posean esta
capacidad regenerativa, es improbable que contribuya de forma significativa
a la regeneración cardíaca en pacientes con IM agudo (13).
Células madre de médula ósea
Estudios recientes apoyan la existencia de diferentes poblaciones celulares
en la médula ósea (MO) con capacidad de diferenciarse a fibras musculares
cardíacas, así como a células endoteliales, contribuyendo a la angiogénesis
o vasculogénesis (14-19). En la mayoría
de estos estudios los investigadores utilizaron poblaciones celulares
heterogéneas, lo que limita de forma importante las conclusiones, ya que
no es posible determinar cuáles son exactamente las células responsables
del beneficio terapéutico. Frente a estudios en los que se han utilizado
células mononucleadas de MO14, el grupo de Anversa y Orlic ha utilizado
poblaciones seleccionadas de células madre hematopoyéticas de MO,
pudiendo demostrar que la inyección intracardíaca de células Lin-Kit+
en la cicatriz del infarto en un modelo de IM en ratón induce colonización
de la cicatriz por cardiomiocitos y estructuras vasculares derivadas de
las células implantadas (18). Esta
regeneración se acompaña de mejoría de la función cardíaca y de aumento
de la supervivencia de los animales. En un estudio posterior, este mismo
grupo ha demostrado en un modelo de infarto en ratón que el tratamiento
con factores de crecimiento como SCF y G-CSF es capaz de disminuir el
tamaño del infarto y mejorar la función cardíaca20. Esta mejoría se asocia
con mayor proliferación de los cardiomiocitos, células de músculo liso
y células endoteliales, lo que sugiere que es posible movilizar progenitores
de estos tres tipos celulares a partir de la MO. A pesar de que estos
estudios apoyan la existencia de células en la MO con capacidad de regenerar
el tejido miocárdico dañado como consecuencia del IM mediante la movilización
o administración local de células madre, el origen de las células responsables
sigue sin determinarse con precisión, ya que no existen pruebas a nivel
de una sola célula de que las células madre hematopoyéticas sean capaces
de diferenciarse a células cardíacas. En este sentido, aunque existen
trabajos que apoyan esta capacidad trans-diferenciadora
(21), estudios recientes cuestionan la capacidad de las células
madre hematopoyéticas de trans-diferenciarse (22).
Además de las células madre hematopoyéticas, en la médula
ósea existen progenitores y células madre angioblásticas, identificables
por la presencia de una serie de marcadores y antígenos celulares como
el CD34, AC133 o el receptor de VEGR tipo 2, expresados a su vez en células
madre hematopoyéticas (19, 23-26).
Estudios realizados en modelos animales de isquemia
periférica e IM indican que en la MO existen células madre endoteliales
con capacidad de contribuir a la neo-angiogénesis, favoreciendo la regeneración
miocárdica (15,19,27,28). Estas células
madre endoteliales pueden ser movilizadas a sangre periférica y contribuir
a la angiogénesis en extremidades isquémicas (28).
En modelos de infarto, mientras que algunos trabajos han utilizado poblaciones
no seleccionadas de células mononucleadas demostrando que contribuyen
a la formación de nuevos vasos en el tejido isquémico con mejoría de la
función cardíaca (15), otros investigadores
han utilizado poblaciones enriquecidas en progenitores endoteliales (19).
En el estudio de Kocher y cols., las células CD34+ c-kit+ obtenidas a
partir de sangre periférica movilizadas con G-CSF, administradas por vía
intravenosa en un modelo murino de IM, aumentaron la vasculogénesis en
el área del infarto, disminuyeron la apoptosis de los cardiomiocitos y
mejoraron la contractilidad. Sin embargo, en este trabajo no se pudo demostrar
que las células trasplantadas adquirieran características de músculo cardíaco.
En este trabajo se aborda además un aspecto fundamental de este tipo de
tratamientos, como es la capacidad de las células madre de dirigirse al
órgano diana y anidar en él, realizando su función reparadora. La posibilidad
de determinar cuáles son los mecanismos que participan en este proceso
permitiría administrar las células por medio de la circulación sanguínea
de forma análoga a lo que ocurre en el trasplante hematopoyético (29).
En la MO existen además células madre mesenquimales
(MSC) capaces de diferenciarse a tejidos mesodérmicos como osteoblastos,
condrocitos, adipocitos o músculo esquelético (30).
Recientemente se ha descrito una población de células madre mesenquimales
pluripotenciales denominadas MAPC, con capacidad para diferenciarse a
tejidos derivados de cualquiera de las tres capas embrionarias (6,
31). Estudios recientes indican que las MSC son capaces de
diferenciarse tanto in vitro como in vivo a cardiomiocitos (14,32).
In vitro, el cultivo de MSC en presencia del agente
desmetilante 5-azacitidina induce diferenciación hacia células con características
fenotípicas y electrofi-siológicas de músculo cardíaco
(33). Utilizando modelos animales de IM, varios grupos han
demostrado que las células madre mesenquimales inyectadas en la cicatriz
miocárdica no sólo son capaces de injertarse, sino que adquieren características
de cardiomiocitos y, lo que es más importante, contribuyen a mejorar la
función cardíaca (14,34).
| Tipo
celular |
Potencialidad |
Disponibilidad |
Inmunoge
nicidad |
Limitaciones
éticas |
Oncogenicidad |
Experiencia
clínica |
| Mioblastos |
± |
+++ |
+++ |
+++ |
+++ |
+++ |
| Cardiomiocitos |
|
|
|
|
|
|
| Fetales |
± |
± |
± |
± |
+++ |
± |
| Adultos |
± |
± |
+++ |
+++ |
+++ |
± |
| CM
embrionarias |
+++ |
+++ |
± |
± |
± |
± |
| CM
de médula ósea |
|
|
|
|
|
|
| Mesenquimales |
++ |
+++ |
+++ |
+++ |
++ |
++ |
| Hematopoyéticas |
++ |
+++ |
+++ |
+++ |
++ |
+++ |
| MAPC |
+++ |
+++ |
+++ |
+++ |
+++ |
++ |
| Endoteliales |
++ |
+++ |
+++ |
+++ |
++ |
+++ |
Tabla 1. Características de los distintos tipos
de células madre potencialmente útiles en terapia regenerativa cardíaca.
+++ Favorable; ± Desfavorable. Potencialidad: capacidad de diferenciarse
a distintos tipos de tejidos; Inmunogenicidad: principalmente relacionado
con la posibilidad de tratamiento autólogo; Oncogenicidad: posibilidad
de inducir tumores.
CM = células madre; MAPC= células madre mesenquimales pluripotenciales.
Células madre de músculo (mioblastos esqueléticos)
Las células satélite, o mioblastos esqueléticos,
son las células precursoras de las fibras musculares localizadas por debajo
de la membrana basal (35-37). Aunque
las células satélite se encuentran habitualmente en estado quiescente,
ante la presencia de un daño muscular son capaces de proliferar y diferenciarse
hacia nuevas fibras musculares (37).
La posibilidad de expandir in vitro el número de progenitores musculares
ha permitido realizar estudios en modelos animales de IM en los que se
han implantado mioblastos, demostrando que dichas células son capaces
de injertarse y terminar su proceso de diferenciación hacia fibras musculares,
contribuyendo a mejorar la función cardíaca y la supervivencia de los
animales (36, 38-41). Además de la
inyección intracardíaca, es posible administrar los mioblastos de forma
percutánea (42, 43), pues son capaces
de migrar a través de la microcirculación y de integrarse en el intersticio.
A pesar del beneficio terapéutico observado en
los modelos animales, existe una importante controversia sobre si las
células musculares esqueléticas implantadas en el miocardio son capaces
de adquirir las características de músculo cardíaco necesarias para poder
trasmitir el estímulo electromecánico. Mientras que algunos de los estudios
iniciales indicaban que los mioblastos una vez implantados expresan proteínas
específicas de músculo cardíaco (conexina 43 o discos intercalares)
necesarias para trasmitir el estímulo electromecánico (40,
44, 45), estudios más recientes sugieren que los mioblastos
no se trans-diferencian a músculo cardíaco (46).
Aunque no existe aún demostración in vivo de que los mioblastos
sean capaces de trasmitir el estímulo electromecánico, existen evidencias
in vitro de que, al menos en ciertas circunstancias, este fenómeno
sí se produce (47). En cualquier
caso, la inyección de mioblastos autólogos en animales con IM ha demostrado
ser eficaz y ha dado lugar al desarrollo de ensayos clínicos en pacientes
con IM, como veremos a continuación.
Experiencia clínica en terapia regenerativa cardíaca
En los últimos dos años, la acumulación de resultados
derivados de los estudios preclínicos ha permitido desarrollar los primeros
ensayos clínicos de factibilidad y seguridad de regeneración cardíaca
con células madre. El grupo de Menasché y cols. ha sido pionero en la
utilización de mioblastos esqueléticos, realizando el primer implante
de mioblastos autólogos en un pacientes con un IM en junio del año 2000
(48). La estrategia diseñada por
este grupo consiste en la obtención de una biopsia muscular del propio
paciente 2-3 semanas antes de la cirugía de revascularización en pacientes
con IM antiguo y tejido miocárdico no viable en la zona. Luego, las células
cultivadas in vitro se implantan mediante inyección intramiocárdica
en la región peri-infarto durante la cirugía. La eficacia del tratamiento
se determinó por ecocardiografia (contractilidad cardíaca) y por
PET, que permite determinar la existencia de tejido viable.
Recientemente han aparecido los resultados de los 10
primeros pacientes sometidos a este tratamiento
(49) y sugieren mejoría de la función cardíaca con aumento
significativo de la fracción de eyección. Sin embargo, a pesar de que
la inyección de células se realizó en zonas no revascularizadas, no es
posible determinar con seguridad si el efecto es debido a la cirugía de
derivación o al implante de mioblastos. Es importante destacar que en
4 de los 10 pacientes incluidos en el estudio se observaron arritmias
ventriculares (taquicardia ventricular) que requirieron implantación
de desfibrilador. Esta circunstancia sugiere que el tratamiento con mioblastos
podría inducir arritmias (50). En
este sentido, nuestro grupo ha completado una experiencia en 12 pacientes
con IM antiguo y evidencia por PET de ausencia de viabilidad miocárdica
sometidos a cirugía de derivación aortocoronaria en los que se han inyectado
mioblastos autólogos (artículo sometido a publicación). Tras una
mediana de seguimiento de 6,5 meses, no se ha observado ningún aumento
de arritmias ventriculares en nuestros pacientes. Asimismo, el tratamiento
se ha asociado con un aumento significativo de la contractilidad global
(fracción de eyección) y, más específicamente, de la contractilidad
regional de los segmentos cardíacos tratados con células frente a los
segmentos que no recibieron terapia celular. Utilizando 18F-FDG y 13N-amonio
también hemos podido demostrar aumento de la viabilidad en el territorio
tratado con células.
Aunque no podemos determinar los motivos que justifican
las diferencias entre ambos estudios, principalmente en relación con la
ausencia de arritmias cardíacas, sí es cierto que diferentes técnicas
de cultivo celular e inyección (suero de ternera fetal en el cultivo
e inyección de una media de 800 x 106 mioblastos en el grupo citado; suero
humano autólogo y 200-300 x 106 células implantadas en nuestro grupo)
pueden ser relevantes. Otros grupos han iniciado experiencias similares
con mioblastos autólogos utilizando la administración directa durante
la cirugía o bien la administración por vía percutánea, lo cual podría
diferenciar el efecto de la cirugía de revascularización frente a la inyección
de mioblastos.
Otros grupos han utilizado células mononucleadas de médula
ósea en vez de mioblastos (51,52).
En el estudio realizado por Strauer y cols. se incluyeron pacientes con
IM agudo a los que se les inyectaron células mononucleadas de médula ósea
mediante coronariografia, a la vez que se les colocaba una endoprótesis
coronaria, en el período inmediato post-infarto (51).
Como grupo de control se utilizaron 10 pacientes en los que se realizó
el mismo proce-dimiento terapéutico exceptuando la inyección de células.
A las 10 semanas del tratamiento se observó disminución del tamaño del
infarto, así como incremento de la fracción de eyección, del índice cardíaco
y del volumen sistólico en comparación con los pacientes que no recibieron
terapia celular. Esta mejoría de la función ventricular se asoció con
aumento de la perfusión miocárdica medida radioisotópicamente. En el estudio
de Tse y cols., 8 pacientes con enfermedad isquémica severa recibieron
células mononucleadas de médula ósea mediante un catéter intracardíaco
guiado por un sistema de mapeo cardíaco electromecánico (52).
La mejoría de la perfusión y de la función cardíaca se determinó mediante
resonancia magnética cardíaca.
También se han inyectado células progenitoras de médula ósea
enriquecidas en progenitores endoteliales, con la finalidad de inducir
aumento de la angiogénesis y vasculogénesis en el tejido infartado que
contribuya a mejorar la función cardíaca y a disminuir la apoptosis celular
y el remodelado del ventrículo (16, 53).
Ambos estudios se diferencian tanto en la indicación de tratamiento como
en el tipo de células implantadas. En el estudio alemán (16),
20 pacientes con IM en fase aguda sometidos a reperfusión recibieron por
vía intracoronaria una población heterogénea de células, incluyendo un
elevado porcentaje de progenitores endoteliales de sangre periférica o
de médula ósea cultivados durante 4 días in vitro. Los pacientes
tratados con células mostraron mejoría de la contractilidad regional medida
por ecocardiografía mediante el índice de motilidad regional.
Asimismo, se pudo demostrar incremento de la viabilidad
de la región infartada mediante PET (16).
Entre las células progenitoras existentes en la médula ósea, las células
que expresan el antígeno AC133 están particularmente enriquecidas en progenitores
hemangioendoteliales (54). En el estudio
recientemente publicado por Stamm y cols., se utilizaron células AC133
purificadas a partir de médula ósea de pacientes con un IM antiguo. Un
grupo de 6 pacientes fue sometido a cirugía de derivación aortocoronaria
y durante la cirugía recibieron 1,5 x 106
células AC133 directamente en el miocardio peri-infarto (53).
De forma análoga a lo descrito en los otros ensayos, se produjo aumento
de la contractilidad cardíaca y de la perfusión de la región infartada
medida en los estudios radioisotópicos.
CONCLUSIONES
A pesar de los numerosos estudios experimentales
y clínicos publicados hasta la actualidad, es evidente la dificultad de
obtener conclusiones sólidas y definitivas. El interés por la utilización
de la terapia celular en la insuficiencia cardíaca se basa en las expectativas
que este tipo de tratamientos genera. Sin embargo, la complejidad de la
biología celular induce a enfrentarse a estos resultados con gran cautela
antes de decidirnos a aplicar clínicamente este tipo de tratamientos.
Un aspecto adicional en el que por limitaciones de espacio
no vamos a extendernos es el papel de las técnicas de imagen en la determinación
del beneficio terapéutico de este tipo de tratamientos (29).
Hemos comentado de forma muy superficial en los distintos estudios algunas
de las técnicas empleadas para determinar la eficacia de la terapia celular.
También en este aspecto los avances de técnicas como el PET o la resonancia
magnética juegan un papel fundamental a la hora de diseñar los estudios
clínicos y experimentales.
Quizás el mensaje más importante que deberíamos trasmitir
es la necesidad de continuar investigando en esta área, facilitando la
colaboración entre grupos multidisciplinares que permita llegar a responder
a algunas de las preguntas pendientes: ¿cuál es la fuente ideal de células
madre?, ¿los distintos tipos celulares pueden producir beneficios en diferentes
situaciones?, ¿cuántas células es necesario trasplantar y por qué vía:
percutánea, inyección intracardíaca directa o incluso, administración
intravenosa, sería mejor administrar las células madre?, ¿cuáles son las
indicaciones de la terapia celular en enfermedades cardíacas, es decir,
es mejor la administración de células en la fase aguda del infarto o en
infartos antiguos?, ¿es posible utilizar este tratamiento en miocardiopatias
dilatadas? En definitiva, muchas más preguntas que respuestas. Sin duda,
estamos ante un panorama estimulante en un nuevo campo que, seguramente,
traerá soluciones y contribuirá a mejoras decisivas en la terapéutica.
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